La decisión de suspender el casamiento entre homosexuales, previsto para hoy, llegó como una suerte de alivio para el macrismo en medio de la puja interna que mantiene el jefe de Gobierno con el ala más conservadora de su tropa que le reprocha no haber apelado el fallo inicial. Sin embargo, hasta ayer a la noche, el Gobierno porteño no estaba dispuesto a desandar la anulación del casamiento, pero estudiaba la posibilidad de hacer un planteo judicial, más referido a la autonomía de los jueces locales, en los próximos días.
A quien corresponde ese trámite es al procurador porteño, Pablo Tonelli, quien aseguró dar la orden para que el Registro Civil «acate la medida cautelar» de la jueza nacional (ver nota aparte) que suspendió la boda.
Mauricio Macri deberá decidir en las próximas horas hasta cuánto juegan sus «convicciones» para avanzar en el permiso al matrimonio, palabra con la que le explicó al cardenal Jorge Bergoglio su decisión, provocando el mayor conflicto con la Iglesia Católica de su gestión, aunque no pueda desandarlo a pesar de la medida judicial, que frustró la fiesta.
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