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Ana María Bovo: para que el público se haga la película
Continuando el éxito de «Maní con chocolate», Ana María Bovo estrena su secuela en la que vuelve a recurrir al relato de películas famosas.
Mañana dará a conocer en el Centro Cultural de la Cooperación «Maní con Chocolate II», esta vez con la co-dirección de Gonzalo Córdova (también a cargo de la escenografía e iluminación). Su nuevo espectáculo reúne una ecléctica selección de films, entre ellos: «Angustia de un querer», «Sunset Boulevard», «Desayuno en Tiffanys», «Nos habíamos amado tanto», «Un lugar llamado Notting Hill» y «Bambi». Dialogamos con ella:
Periodista: ¿Cuál es el punto de partida de este «Maní con chocolate»?
Ana María Bovo: Es la relación entre el foguista de una caldera que trabaja en el turno noche (y es muy cinéfilo) y la dueña de esa fábrica, que se pierde todos los estrenos por culpa de una enemistad entre su marido y los dueños del cine local, unos italianos. Entonces ella recurre a su empleado para que le cuente lo que vio y lo escucha fascinada porque él la hace soñar. Este dispositivo narrativo fue creciendo tanto que se transformó en una película más, los gustos y caprichos de este narrador fueron los que estructuraron el repertorio.
P.: Como le sucede a muchos novelistas, usted fue obedeciendo los gustos del personaje...
A.M.B.: Tal cual. Además, yo me inspiré en un tío mío que siempre nos llevaba al cine a mí y a mis primos. Era un personaje muy simpático, gran lector y autodidacta, el único socialista de la familia. Era tan encantador que nadie lo confrontaba políticamente porque era muy respetado y como decía Antonio Machado era «en el buen sentido de la palabra bueno». En esta selección se da una suerte de contrapunto entre el cine italiano y el cine de Hollywood.
P.: ¿A qué quedaron asociados uno y otro?
A.M.B.: La diferencia primera es que en el cine italiano la clase media o media baja se reconocía inmediatamente con esos personajes que eran como uno, que tenían la ropa tendida y mostraban la hilacha, en la vida y en la ropa. En cambio, Hollywood era la ilusión más pura, la total negación de la realidad. Me pareció que ambas cinematografías podían ser complementarias. Yo admiro el neorrealismo, pero también legitimo el grado de fantasía que ofrece Hollywood.
P.: ¿Qué otros títulos eligió?
A.M.B.: Paso por «Ladrón de bicicletas», «Umberto D» y «Estación Termini», todas de Vittorio De Sica; «Roma ciudad abierta» de Rosellini, «Soñar, soñar» de Leonardo Favio, que es una película para ver treinta años después. El guión parece muy pobre por esa cosa tan limitada que tienen sus personajes; pero hoy, a la distancia, es una comedia extraordinaria. Siento que condensa el prototipo del soñador, del que fracasa, de las ilusiones perdidas. Es una película ideal para hablar de eso. ¡Espero contarla bien! También tomo «Picnic», «Los aventureros» y «Angustia de un querer», ese gran hito romántico con Jennifer Jones y William Holden...
P.: Eligió tres películas de ese actor...
A.M.B.: Lo tomé porque mi narrador lo admira mucho. Dice que Holden se bancó morir en varias películas importantes, mientras que John Wayne no se muere nunca, por más que lo ataquen los indios.
P.: En un espectáculo anterior («Hasta que me llames») usted entrecruzó una historia de amor con «La flor de mi secreto» de Pedro Almodóvar. Ahora, en cambio seleccionó varias películas que poca gente conoce...
A.M.B.: Porque a mí también me fascina vivir a través del relato de los otros las películas que uno no vio. La multiplicidad de miradas es muy enriquecedora; mientras yo cuento algo, sé que la gente va a asociarlo con una cantidad de películas que yo no puse pero que están en la memoria colectiva.
P.: ¿Qué temas circulan por la obra?
A.M.B.: El tema del amor aparece en todas estas películas. También la belleza de un erotismo insinuado con delicadeza; las trampas que se hacían en Hollywood cuando la censura impedía que los besos duraran más de 5 segundos; el contraste entre el neorrealismo y los sueños de Hollywood; el sueño de alcanzar lo inalcanzable a través del cine; la ilusión de que todo es en technicolor y la vida que tantas veces se pone en blanco y negro.
P.: ¿Incluyó alguna otra película argentina?
A.M.B.: Menciono una con Aníbal Troilo y Catulo Castillo, pero me quedé con ganas de incluir «Las aguas bajan turbias», «Historias extraordinarias»... Tengo una gran deuda con el cine argentino. En realidad estoy llena de deudas. No sabe la angustia que me da. Por una película que elijo, dejo de lado veinte del mismo tenor. Quizás, lo que puedo hacer más adelante, cerca de la función veinte, es cambiar un film por otro. Es lo que la gente me pedía en el primer «Maní con chocolate». Se quedaban con ganas de volver otro día para que les cuente más películas.
Entrevista de Patricia Espinosa


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