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Analistas en la mira: no anticiparon la crisis, ahora mantienen cautela
«Hay una enfermedad de pensamiento único en Wall Street», expresó Robert Lutts, presidente de inversiones de Cabot Money Management, que este año comenzó a comprar títulos financieros para su fondo de u$s 400 millones. Incluso analistas estelares, como Meredith Whitney, reconocida por detectar los problemas de Citigroup en 2007, y analistas renombrados como Mike Mayo no dieron señales apropiadas tanto en el rebote de este año como en los problemas de Lehman.
Sólo un 45% de los analistas bancarios consiguió superar un índice de bancos comerciales o de firmas del mercado de capitales con sus recomendaciones en 2008, según datos de StarMine, de Thomson Reuters. Y este año las cosas no son mucho mejores: sólo un 46% de los analistas superó al mercado.
La mentalidad de manada y el temor a afirmaciones polémicas que podrían arruinar sus carreras los aleja de la grandeza.
«Hay miedo a equivocarse en público», sostuvo David Ellison, presidente de inversiones de FBR Funds, que administra unos u$s 1.400 millones. «Los investigadores anónimos en empresas de fondos tienen más tiempo para hacer afirmaciones al límite porque pueden trabajar a puertas cerradas», explicó.
También es difícil denunciar prácticas de negocio riesgosas o estrategias equivocadas en otros bancos cuando la entidad para la que trabajan está metida en lo mismo. «Es meterse un poco con uno mismo», señaló Ben Wallace, analista de valores de Grimes & Company. Y añadió: «Los bancos de inversión realmente no se cubren bien a sí mismos».
«Es mejor hacer predicciones que suenen razonables», afirmó, a su vez, Henry Blodget, quien pasó de celebrado especialista en empresas puntocom a ser un analista vilipendiado a cargo del sitio de noticias The Business Insider. «Los analistas que sacan su cabeza a la luz, especialmente en terrenos negativos, usualmente terminan descabezados. Mientras tanto, los que nunca se apartan del terreno seguro, suelen disfrutar carreras largas, lucrativas y libres de estrés», señaló.
Los inversores que hubieran seguido los pasos del veterano Dick Bove se habrían beneficiados de su recomendación de comprar títulos de Bank of America en abril, porque más que se duplicaron desde entonces. Pero también habrían perdido mucho si hubieran hecho caso a la sugerencia de Bove de comprar papeles de Lehman el 21 de agosto de 2008: se derrumbaron un 94% y ahora prácticamente no tienen valor.
Agencia Reuters


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