10 de abril 2017 - 00:25

Andy Freire: de emprendedor a ministro

Referente de los nuevos empresarios, hoy es ministro de Modernización, Innovación y Tecnología en CABA, tras haber liderado proyectos y fondos por casi 20 años. Planes y ansiedades de un emprendedor serial, ahora en un rol de Gobierno.

Foto: Ignacio Petunchi.
Foto: Ignacio Petunchi.
El título de esta entrevista podría haber sido "Del libro a la cruda realidad". Porque "Argentina emprendedora", el texto de Andy Freire que vio la luz a mediados de 2015, trazaba un programa completo para el desarrollo emprendedor nacional. Y era una plataforma de su propio lanzamiento a la política. Pero la cruda realidad no es un libro.

Ocurre que Freire está hace 16 meses en el barro de la gestión pública. Así, se sumó a la gran cantidad de empresarios que integran las principales administraciones de Gobierno, en su caso como líder de la cartera de Modernización, Innovación y Tecnología del Gobierno porteño. Volvió a tomar un riesgo, tal como hacía en los negocios. Pero esta vez se trata de capital político, mucho más impredecible que el otro.

Retrocedamos. El hombre ha sido y sigue siendo un referente entre los emprendedores argentinos. Cofundador en 1997 de Officenet, una distribuidora de artículos de oficina que, tras expandirse a gran ritmo, fue vendida al gigante Staples en 2004, los 10 años siguientes su nombre estuvo asociado siempre a nuevos proyectos. Así, tras aquella exitosa salida vinieron la consultora Axialent, el portal gastronómico Restorando y el fondo de inversiones Quasar Ventures (que apostó con suerte diversa a proyectos como Avenida.com y Trocafone). Sumó también contactos y experiencias en Endeavor, Davos y Harvard, que lo convirtieron en hombre de consulta para inversores globales. Mientras tanto, de la mano de los medios, su prédica emprendedora fue largamente escuchada en radios y canales de TV locales. Agreguemos a ello los tres libros anteriores al citado (ver aparte), con los que siguió evangelizando en su tema favorito: cómo emprender sin morir en el intento.

440, 31, 21-24

El Freire ministro ocupa una oficina luminosa y amplia en el edificio de Barracas que perteneció a Canale, donde se alojan varias dependencias del Gobierno porteño. A cargo de una cartera nueva, decidió armar su equipo combinando perfiles: "Preferí mezclar gente que venía de la administración anterior y gente de afuera en un 60% y 40%, respectivamente. Mi idea era aprovechar la experiencia de los que estaban, y traer también espíritu emprendedor y aire fresco".

Va a necesitar de todo un poco, porque su ministerio enfrenta una agenda agitada y muy dispersa. Por un lado, organizar en CABA los Juegos Olímpicos de la Juventud en 2018, con 206 países y 28 disciplinas. "En complejidad, es mucho más difícil que un Mundial de fútbol. Hay deportes donde participan 24 equipos, ¡una locura!", explica, con mezcla de entusiasmo y susto. Otra cuestión filosa es el Ecoparque, que busca transformar el viejo Jardín Zoológico, donde en lugar de estimular nuevas firmas debe estudiar los pros y contras de mudar a los hipopótamos. Y en el medio, claro, la gestión de los problemas del día a día, desde la capacitación de los manteros desalojados de las calles de Once hasta las necesidades y demandas sobre el Ente de Turismo de la Ciudad, que también está en su órbita.

Con su libro "Argentina emprendedora" usted apuntó a proyectarse políticamente. Dejó de ser "Andy, el emprendedor" y apuntó a mostrar su proyecto de país. En ese texto todo el tiempo insiste con los emprendimientos de calidad, e incluso cuantifica que el país necesita cada año generar 440 nuevos emprendimientos de alto impacto. Pero cuando llegó al sillón de ministro, seguramente no sólo debió incentivar esas nuevas empresas dinámicas, sino también a los carpinteros, a los artesanos, a los pequeños comerciantes...

Hay mucho talento en las zonas más desfavorecidas de la ciudad. Dos ejemplos: el mejor ceviche de Buenos Aires no se come en el restaurant Osaka de Palermo sino en un boliche de la Villa 31 de Retiro. Y también hacen excelentes muñecas en un lugar de la villa 21-24, en Barracas, pero las venden a $50 cuando podrían hacerlo a $180 si las pudieran ofrecer en otro lugar. Ése es uno de los desafíos: el rol del Estado es ayudar a que ese ceviche o esas muñecas se puedan vender fuera de las villas. En otras palabras: Marcos Galperín, sin el Estado, o a pesar del Estado, hubiera creado Mercado Libre de todos modos. Pero los emprendedores de una villa difícilmente puedan salir adelante si el Estado no les da una mano para traspasar sus límites geográficos.

Usted en el libro habla mucho de Start-Up Chile, pero en particular de la experiencia israelí con Yozma, donde el gobierno se asociaba a los fondos inversores, compartiendo los riesgos pero ofreciendo las ganancias. ¿Tienen pensado hacer algo parecido acá?

Yozma en Israel fue un gran potenciador de la actividad emprendedora. Creo que acá eso va a funcionar, pero en el mediano plazo. Primero nos tenemos que reconectar con el mundo. Fuimos a Davos dos años seguidos, estamos diciendo "Señores, somos un país serio". Eso hace que los principales fondos de inversión, los más tradicionales (infraestructura, minería, rutas), empiecen a mirar a la Argentina como destino. Después de eso van a venir otro tipo de inversores, porque tienen que ver con proyectos con un perfil más alto de riesgo. Creo que va a haber un Yozma en la Argentina, pero va a ser en los próximos cinco años, se están gestando las condiciones para que haya un ecosistema vigoroso, emprendedor y de capital de riesgo en la Argentina, que nos ponga a años luz de cualquier otro país de Latinoamérica. Y hablando de Start-Up Chile, el 23% de los candidatos que se postulan para los proyectos allá son argentinos. Porque acá tenemos el talento. De hecho, en la última reunión de Davos el Índice de talento humano dio que Buenos Aires es Nº 1 de Latinoamérica, arriba de San Pablo y de Santiago de Chile. Tenemos un talento porteño y un talento argentino, que son las piezas más difíciles del rompecabezas, pero lo que nos falta es todo lo otro. Hay que mantener el talento pero generar las condiciones de infraestructura, para que florezca.

¿Qué fase de la inversión de riesgo cubriría un Yozma argentino?

Yozma en Israel cumplía un rol más importante: no el de capital semilla, sino el que sigue después, que en el mundo de Silicon Valley llaman "el valle del desierto". Porque hay muchos inversores que invierten fichas de u$s5 millones para proyectos que toman escala. Y hay menos pero existen- incubadoras o programas de incubación. También existe el inversor ángel, que pone u$s100 mil o u$s200 mil. El problema es la escasez en el medio, los que están dispuestos a poner entre u$s500 mil y un millón. Yozma entra justamente ahí. Eso lo podemos hacer, pero va a tomar su tiempo. Hoy tenés dos o tres fondos de inversión en proyectos emprendedores, no más. Y dependemos un poco de los vaivenes de Latinoamérica también, donde Brasil no nos ayudó el año pasado. La mayoría de los proyectos son regionales y muchos de los fondos dijeron "No, yo no quiero entrar nada en Latinoamérica porque Brasil está hecho pelota".


Subsidios y Distritos

¿Qué ofrecen en CABA para los proyectos que están empezando?

Para la etapa inicial este año en la Ciudad lanzamos el programa IncuBAte, donde damos $400 mil no reembolsables, de los cuales $150 mil son en efectivo y $250 mil son en mentoría, infraestructura, consultoría, lugar físico, etcétera. Porque está demostrado que lo que más le falta a un buen emprendedor no es plata, sino un buen mentor que lo guíe. Lo armamos en cinco rubros donde creemos que Buenos Aires tiene talento: turismo, emprendedores sociales, tecnológicos, de diseño y audiovisuales o artísticos, que se condicen con los distritos que queremos desarrollar.

¿Qué evaluación hace de los distritos? Porque hace rato que no hay una actualización.

Son tres situaciones distintas. Primero, el Distrito Tecnológico fue un éxito. Hicimos un censo hace poco: hay más de 10 mil personas trabajando, hay empleos nuevos y genuinos en Parque Patricios, que se generaron a partir de la existencia del distrito y la promoción impositiva que implica.

Por otra parte los Distritos de las Artes y de Diseño son un capítulo pendiente. El Distrito del Deporte es nuevo, lo relanzamos a fines de 2016. Estamos muy entusiasmados con él, porque apuntará no tanto a la exención impositiva, sino a la creación del polo de los Juegos de la Juventud y todo lo que va a tener que ver con el Autódromo. Y después está el Distrito Audiovisual, que fue una situación distinta, porque había que darle entidad de distrito a un lugar donde ya había muchas empresas de ese rubro. En este caso, logramos que las firmas que estaban radicadas ahí no se fueran, sino que se quedaran y crearan un ecosistema, que ya se retroalimenta a sí mismo. Con lo cual hay evoluciones dispares en cada distrito. Seguimos creyendo firmemente en la política de distritos, creemos que hay que seguir dándole más fuerza. Y armamos algo así como la evolución de un distrito: primero tenés un nodo o un hub, como el Centro Metropolitano de Diseño (CMD) en el distrito del diseño en Barracas. Entrás ahí y decís "esto es de otro planeta". Pero cuando salís a la calle, es la nada misma, un desierto. Por el contrario, el Distrito Tecnológico está pasando de ser un distrito a ser un ecosistema. ¿Qué cambia con eso? Que el Estado pasa a tener un rol más pasivo y deja que sean los privados los que tomen un rol más activo. Esto quiere decir que empiecen los privados a tomar iniciativa. En algún momento, si hacemos bien nuestro trabajo, el Estado tiene que replegarse.

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