8 de septiembre 2017 - 00:38

Annus horribilis para Cristina: la sobrevida política se complica

El llamado a indagatoria de Bonadio es sólo una escala más en los problemas del kirchnerismo. Se abre temporada de reflexión en el PJ.

Cristina de Kirchner.
Cristina de Kirchner.
La reina Isabel II de Inglaterra había calificado como "annus horribilis" a 1992. Ese año su hija Ana se divorció de Mark Phillips, el príncipe Andrés se separó de Sarah Ferguson y el matrimonio de Carlos con Lady Di volaba por el aire. Si faltaba algo más, un incendio destruyó el corazón del Castillo de Windsor, el emblema de la Casa Real. Isabel, una profesional en todos los sentidos a diferencia de los protagonistas locales, se repuso de semejantes desastres, pero nada volvió a ser igual en Gran Bretaña, y ese calificativo en latín pasó a ser de uso común para describir momentos desastrosos en personas públicas. Está claro, además, que en el caso de Isabel II todo se trataba de amores rotos dentro de la Corona y no de complicaciones por la investigación de delitos.

Bien puede aplicarse, entonces, el calificativo real al momento que vive Cristina de Kirchner en medio de este año electoral, clave para la sobrevida de un kirchnerismo que está atrincherado casi con exclusividad en La Matanza y con el peronismo de todo el resto del país dándole la espalda.

En lo judicial, el escenario no es el mejor y tiende a complicarse. Está claro que la legislación argentina le permite a cualquier procesado presentarse a una candidatura, pero debe reconocerse que es una novedad que lo haga una expresidente acusada de traición a la patria, como sucede con la causa por encubrimiento con el memorándum firmado con Irán.

Conviene repasar, entonces, la situación judicial completa. La megacausa en la que se investiga el manejo de obra pública y el supuesto pago de retornos se relaciona con los casos Hotesur y Los Sauces. A esa investigación se le agrega la acusación por lavado de dinero por la relación comercial directa y probada de los Kirchner con Báez a través del otorgamiento de obra pública.

El llamado a indagatoria que hará el juez Claudio Bonadio en Hotesur caerá el 9 de noviembre, cuando la expresidenta ya esté electa como senadora. Es el único alivio que tiene Cristina de Kirchner por ahora.

Con relación al caso por la muerte de Alberto Nisman, siga el camino que siga esa causa, las sospechas sobre quién ordenó esa muerte o cómo fue el suicidio siempre quedarán flotando en el aire. Es el costo a pagar cuando se tiene una Justicia que hace una década no genera confianza alguna en la población. La denuncia por el memorándum con Irán aporta todo lo que falta para que las sospechas sobre la muerte de Nisman sigan vivas.

Ayer, el mundo judicial volvió a temblar con el pedido del fiscal Gerardo Pollicita para que se les tome declaración indagatoria a 14 involucrados en la causa por el memorándum. Con seguridad luego habrá procesamiento para todos, incluida Cristina de Kirchner. Habrá fecha en breve para esa megacitación.

Por si falta recordarlo, se trata del encubrimiento de los acusados iraníes por el atentado a la AMIA que se intentó hacer, sostiene la denuncia, con la firma del acuerdo con Irán. La acusación allí es traición a la patria, carátula que unificó Bonadio despues que el juez Daniel Rafecas cerrara toda la investigación sobre la denuncia que había presentado Nisman antes de morir. La causa fue a Casación, giró por el despacho de Ariel Lijo y terminó unificándose en el juzgado de Bonadio, todo con el visto bueno de la Corte.

En el terreno político, la expresidenta debe enfrentar una realidad dual. En la última semana tuvo buenas noticias que llegaron desde el conurbano. Hoy estará en Avellaneda para una recorrida junto al intendente local, Jorge Ferraresi. Es el cambio definitivo de la estrategia de campaña desde la mesura y el candor de los actos al estilo "townhall" que tanto popularizó Barack Obama, a recostarse de nuevo en los barones del peronismo más profundo de la provincia de Buenos Aires. También le trajo otra alegría Juan Zabaleta desde Hurlingham cuando abandonó a Florencio Randazzo para pasarse a sus huestes.

Toda esa alegría tiene una contracara: muchos de esos jefes comunales que la apoyan están llamando, por lo bajo, a hacer un equilibrio que el peronismo bonaerense ya hizo muchas veces: cortar boleta para dividir el voto y salvar así la mayoría en cada Concejo Deliberante. Es la regla básica del PJ que nadie olvida y la prueba más cabal de hasta donde llega la famosa lealtad.

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