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Antecedentes no avalan a EE.UU.
Uno de los últimos casos de denigración simbólica fue el de los marines orinando sobre cadáveres de insurgentes afganos conocido en enero pasado, pero otros expedientes, como el de las torturas masivas en la cárcel de Abú Ghraib de Bagdad, casi no han recibido condenas significativas.
Uno de los casos más graves fue el protagonizado por el marine Frank Wuterich, de 31 años, autor confeso de una masacre de 25 civiles iraquíes de Haditha -incluidos niños y mujeres- en 2005. De acuerdo con su propio testimonio, actuó en venganza de la muerte de dos de sus compañeros por un atentado de la insurgencia. A fines de enero pasado, Wuterich fue condenado sólo a tres meses de prisión, pero salió en libertad porque se consideró cumplida la pena durante el proceso. Terminó así, sin más castigo, uno de los mayores abusos por parte de las tropas norteamericanas sobre la población civil iraquí. El 19 de noviembre de 2005, Wuterich envió a sus hombres a la caza de insurgentes en distintas casas luego del bombardeo que mató al cabo de 20 años Miguel Terrazas, y que hirió a otros dos miembros del Ejército estadounidense.
Agencia AFP y Ámbito Financiero


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