27 de mayo 2015 - 00:00

“Antes escribía papers, ahora escribo ficciones”

Dueñas: “La documentación me resulta fundamental, necesito que la ficción se asiente en bases sólidas para que la historia se vuelva verosímil desde el mismo ambiente”.
Dueñas: “La documentación me resulta fundamental, necesito que la ficción se asiente en bases sólidas para que la historia se vuelva verosímil desde el mismo ambiente”.
"No quise contar los avatares de un héroe impoluto sino de un ser humano que actúa obligado por las circunstancias, golpeado por el destino", comenta María Dueñas sobre el protagonista de "La templanza", que editó Planeta. María Dueñas es Doctora en filología inglesa, ha impartido clases en universidades de los Estados Unidos y es profesora de lengua y literatura inglesa en la Universidad de Murcia. En 2009 irrumpió en el mundo de la literatura con la novela "El tiempo entre costuras", que se ha traducido a 35 lenguas, y en 2013 se convirtió en una miniserie que en nuestro país se conoció a través del canal de cable Film & Arts y de Neflix. Su segunda novela fue "Misión olvido". Hasta este momento lleva vendidos internacionalmente cinco millones de ejemplares de sus libros. En su reciente visita a Buenos Aires para presentar su nueva novela, "La templanza", que tuvo en España una tirada inicial de medio millón de ejemplares, y que entre nosotros se ha instalado en la lista de los libros más vendidos, dialogamos con la exitosa escritora española.

Periodista: ¿Por qué luego de dos exitosas novelas que transcurren en el siglo XX, donde mezcla historia, política y romance, ahora viaja narrativamente al siglo XIX?

M.D.:
Quería volver la mirada al Jerez de los bodegueros. A aquella ciudad que inundó el mundo de vino desde la Edad Media. El siglo XIX es para Jerez un momento particularmente esplendoroso porque se comienzan a construir grandes bodegas que son como catedrales. Es cuando cambia la configuración del bodeguero. Aparecen modelos que preanuncian cómo será el empresario moderno. Surgen los grandes clanes. Algunos han llegado hasta el presente, otros se fueron extinguiendo. Me apetecía visitar aquel mundo donde había un intenso comercio con Gran Bretaña, y hablar de todo lo que eso supuso de influencias, de tránsitos de gente, de ideas, de cultura. Por otra parte, el siglo XIX es un punto de inflexión en muchos lugares del mundo. Es, para mencionar sólo cosas que tienen que ver con mi novela, la época de la Guerra Civil en Estados Unidos, y es cuando España pierde la mayoría de sus colonias, solo le van quedando algunas islas, y Cuba como un bastión.

P.: ¿La realidad histórica se le impuso?

M.D.: No, la historia me la va dando la necesidad de los escenarios, de los momentos. Cuando comienzo a investigar, a documentarme sobre aquel Jerez, voy cartografiando el territorio y buscando con qué momento histórico me quedo. Allí veo que en la segunda mitad del siglo XIX es cuando se producen cambios. Es cuando se ve que algunas de las grandes bodegas de la época se establecen gracias a lo que en España entonces se conocía como "capitales indianos", capitales de retorno. Que era el de los españoles que habían venido a América, habían hecho fortuna y volvían a la madre patria a reinvertir esas ganancias, esas riquezas. Así supe que algunas de aquellas bodegas se establecieron con capitales que se habían hecho en la minería de la plata mexicana. Entonces, con todos esos atractivos, me decido por ese momento y elijo que el protagonista sea un gachupín, un español emigrado a México, que se llame Mauro Larrea, que por una serie de carambolas, años de tesón y arrojo, se enriquece y quien después, tras un estrepitoso revés provocado por la Guerra Civil en los Estados Unidos, se empobrece, se arruina, y tiene que reconstruirse con una temeraria

jugada que acaso le dé la oportunidad de resurgir.

P.: ¿La virtud de "La templanza", de alcanzar la moderación, fue la idea conductora de su novela?

M.D.: "La templanza"
es el nombre de la viña que pasa de un decadente clan bodeguero a manos de mi protagonista. Pero, a la vez, signa una virtud cardinal de la que carece el impulsivo Mauro Larrea durante la mayor parte de la historia. En su intento de avanzar, y luego, más aún, al intentar recuperarse, actúa desenfrenadamente, sin contención. Sólo el trastocarse profundamente lo llevará a la templanza, la moderación, la sobriedad, a la prudencia. En su marcha, Larrea debe enfrentar la adversidad, la preocupación por sus hijos, a esa pasión que lo desvía del camino que se había trazado. Son hechos que lo modelan lejos de su voluntad. No quise contar los vatares de un héroe, sino de un ser humano que actúa obligado por las circunstancias, golpeado por el destino.

P.: ¿Cuánto tiempo le llevó escribir "La templanza"?

M.D.:
Dos años, igual que las otras. Soy muy metódica. Como vengo del mundo académico, donde está todo muy programado, encaro mi trabajo como novelista con ese estilo. Utilizo las programaciones académicas, las hojas de ruta, trabajo el proyecto, es decir los mismos procedimientos, las mismas herramientas que en la universidad. Tengo un plan muy estructurado antes de lanzarme a la acción narrativa. Antes escribía papers, ahora escribo ficciones. Me encierro a investigar, a documentarme, a imaginar, a pensar, a trabajar la historia, y en esa etapa los lectores quedan del otro lado de esa barrera que es necesaria para poder crear. Así van apareciendo los personajes, creciendo, fortaleciéndose. A veces creo que los voy a dirigir yo, que los iba a controlar, y de pronto toman opciones, decisiones, y características con las que no contaba. Y los dejo. Salvo cuando lo traigo de vuelta al redil, no te vayas demasiado. Son tres etapas bien claras. Primero es la investigación, la documentación y estructuración. La documentación me resulta fundamental, necesito que la ficción se asiente en bases sólidas para que la historia se vuelva verosímil desde el mismo ambiente. Tan importante como conocer el contexto histórico es para mí saber cómo la gente vive, cómo se viste, qué come, de qué habla. Necesito dentro de lo posible visitar los escenarios, conocer los lugares, sentir su clima. Luego viene la escritura seguida, sin pausa. Y después vienen esos meses espantosos de revisar, reescribir, recomponer, editarlo todo, y ahí entro ya con la piqueta.

P.: ¿Qué pensó al ver que con su primera novela, que jugaba dentro de ese terreno narrativo, era traducida a trainta y cinco lenguas?

M.D.:
Fui la primera sorprendida. Venía de estar trabajando en claustros, en la universidad, y "El tiempo entre costuras" era mi primera novela. Nació con una tirada modesta y sin ningún tipo de apoyo, salvo el entusiasmo que todos en la editorial pusimos en el proyecto. El boca a oreja de los lectores hizo crear una especie de bola de nieve que todavía no ha parado de crecer. El secreto siempre está en los lectores.

P.: ¿Qué le pasó cuando supo que "El tiempo entre costuras" se iba a convertir en un miniserie de televisión que iba a tener difusión internacional?

M.D.:
Yo estuve cercana al proyecto desde el principio. Supervisé los guiones. Me impliqué. Los estudié cuidadosamente. No quería que los lectores se sintieran defraudados. Mi objetivo era ése. Más allá de ganar audiencia en televisión, que está muy bien, pero ese no era mi negocio, era el de ellos. El mío era velar porque quedara el alma de la novela, y no se convirtiera en una mera telenovela. Trabajé para que lo que había seducido a tantísimos lectores se mantuviera vivo. Supe que los productores estaban haciendo un trabajo serio, responsable, una miniserie de calidad. Me gustó que le gustara a los lectores, eso es lo que más me ha gustado.

P.: ¿Le propusieron llevar a la pantalla "Misión olvido" o "La templanza"?

M.D.: "Misión olvido" por sus dos planos temporales, año 50 y año 2000, para una serie sería muy complicado, vale quizá para una película. Y con "La templanza" me quiero mantener de momento alejada, que haga su vuelo como novela, que llegue a los lectores y que la disfruten. Ya veremos qué viene después.

P.: ¿Ahora qué está escribiendo?

M.D.:
Nada. Estoy acompañando esta criatura llamada "La templanza" por estos mundos de Dios. Se publicó hace muy poco y no me ha dado tiempo a nada. Y tengo que andar de gira, de presentaciones, viendo las traducciones. Sale en inglés, en Estados Unidos me va muy bien. Y casi al mismo tiempo en francés. En cuanto a ideas, tengo mil en la cabeza, pero ninguna en concreto.

Entrevista de Máximo Soto

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