3 de enero 2012 - 00:00

Antes de la internación, un maratón de audiencias

Intendentes y militantes kirchneristas mostraron su apoyo a la Presidente a través de carteles, comunicados y solicitadas, mientras agrupaciones piqueteras oficialistas comenzaron a instalarse desde ayer en las cercanías del Hospital Austral para iniciar una vigilia de acompañamiento.
Intendentes y militantes kirchneristas mostraron su apoyo a la Presidente a través de carteles, comunicados y solicitadas, mientras agrupaciones piqueteras oficialistas comenzaron a instalarse desde ayer en las cercanías del Hospital Austral para iniciar una vigilia de acompañamiento.
De regreso de El Calafate, Cristina de Kirchner citó para hoy a varios funcionarios y dirigentes K. Lo hará por turnos: algunos a la mañana, otros por la tarde. En Olivos, dará las últimas indicaciones antes de ingresar en la etapa prequirúrgica.

Ayer a media tarde, la Presidente llegó de Santa Cruz donde recibió el fin de año junto a su familia: estuvieron su madre, Ofelia, Alicia Kirchner y sus hijos Florencia y Máximo. El mayor, ahora a cargo de la administración de la fortuna familiar, se instalará en Olivos.

El vice, Amado Boudou; el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini; el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, y el ministro de Planificación, Julio De Vido, tienen, según trascendió ayer, cita programada con la Presidente. No serán los únicos.

En las horas previas a la internación, además del razonable nerviosismo por la operación, fue visible la tensión en el Gobierno porque se da por hecho que por unas 48 horas, la mandataria no estará en condiciones de intervenir en caso de que sea necesario.

Entre la anestesia, el aislamiento y los efectos de la operación en la zona de la garganta, se entiende que Cristina de Kirchner estaría con notables dificultades para comunicarse hasta el fin de semana. Se espera que para entonces, se normalice el flujo de información.

Ahí aparece la figura del hijo Máximo que genera pánico entre los funcionarios. La influencia que el hijo mayor tiene sobre la Presidente hace que ministros, de diálogo restringido o muy ocasional con la jefa, teman aparecer en la lista negra de la autodenominada La Cámpora.

La seguidilla de audiencias que la Presidente convocó para hoy en Olivos es para terminar de afinar el piloto automático sobre cuestiones accesorias y operativas. No hay, aunque las últimas semanas fueron prolíficas en imponderables, elementos en el horizonte que hagan temer una crisis.

El frente más sensible es financiero. Luego de las minicorridas de noviembre que obligaron al Gobierno a extremar los controles sobre el dólar. Las alertas sobre un nuevo intento de «golpe del mercado» se recorta en la cima del podio de temores del oficialismo.

Por esa razón, la tarea central de Amado Boudou, durante la convalescencia de la Presidente, consistirá en monitorear las variables del mercado. No estará solo: coordinará con el ministro Hernán Lorenzino, el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray y la presidenta del Central, Mercedes Marcó del Pont.

Lo mismo hará Guillermo Moreno, secretario de Comercio Interior, a quien ayer se especuló que había convocado para hoy a la quinta presidencial al igual que al jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina.

Sin despacho de vice en Casa Rosada, Boudou permanecerá en el Senado y sus apariciones por Balcarce 50 serían esporádicas en caso que tenga, por ejemplo, que reunirse con Zannini o con Abal Medina, los dos ministros K que administrarán la agenda política.

En ese frente hay algunos interrogantes. El menos pensado llegó de Río Negro con la muerte, durante un episodio aparentemente pasional, del gobernador Carlos Soria. Rápidamente, la Presidente pidió pacificar la transición que comenzará hoy con la jura del vice Alberto Weretilneck (ver nota en Ambito Nacional).

Como refuerzo, parte de su staff político, conformado por Abal Medina, Florencio Randazzo y Juan Carlos Mazzón, se encargaron de reforzar ese mensaje que se transparentará hoy cuando, según lo previsto, el jefe de Gabinete y el ministro del Interior viajen para participar de la jura del vice.

El fin de semana se estabilizó, al menos temporalmente, otro frente: Daniel Peralta, a quien se dio por renunciado la semana pasada en medio de la represión de una movilización gremial, ganó tiempo y recibió, aun a desgano, el respaldo de la Presidente.

El esquema tendrá, de hecho, una impronta claramente intervencionista de la Casa Rosada. Ayer se conoció una pista sobre esa mecánica: el subsecretario de Industria, Rafael Gilmartin, será el futuro ministro de la Producción, una de las vacantes que dejó la renuncia masiva de funcionarios. «Peralta sigue. La orden de Cristina fue respaldarlo para evitar una crisis política», confió ayer un operador K, aunque admitió que esa determinación estuvo condicionada por la enfermedad de la Presidente que la tendrá durante casi un mes alejada de la escena pública.

El relato, en los términos K, se construye desde el atril y entre la internación, la convalescencia y quizá los efectos secundarios de la internación, podrían mantener a la Presidente alejada durante más de un mes de los actos oficiales. Tampoco discursos.

La operación de tiroides puede, en algunos casos, producir desequilibrios hormonales y alterar el peso durante unas semanas lo que podría demorar la reaparición pública de la Presidente, según confía un dirigente que se interiorizó en la enfermedad de Cristina de Kirchner.

A pesar que, en principio, pedirá 20 días de licencia -del 4 al 24 de enero- la traducción oficial es que se trata de una intervención menor, sin riesgos.

Coincide, además, con la que suele ser la época más baja en cuando a sobresaltos políticos y económicos: enero. Por eso, el estallido de Santa Cruz y la muerte de Soria en Río Negro obligaron a una rapidísima intervención de la Presidente para evitar que esos frentes sigan en efervescencia.

Asimismo se esperan señales precisas para el kirchnerismo bonaerense que durante diciembre, desde la asunción de la fórmula que compartieron Daniel Scioli y Gabriel Mariotto, protagonizó varios round de tensión entre el gobernador y su vice.

«La orden es que todo esté en calma. Todos tranquilos. No vamos a ser nosotros los que agitemos», dijo un K con intervención directa en los movimientos de Mariotto.

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