18 de septiembre 2009 - 00:00

Antes, refugio de los duques de Windsor; ahora, de Madonna

Portofino es uno de esos lugares de Italia, más precisamente de Génova, que usa el jet set internacional para ver y ser visto, pero que no se eligen por capricho, sino por sus infinitos encantos.
Portofino es uno de esos lugares de Italia, más precisamente de Génova, que usa el jet set internacional para ver y ser visto, pero que no se eligen por capricho, sino por sus infinitos encantos.
Por siglos fue uno de los tantos pueblos de pescadores donde se podía llegar a refugiar un filósofo (Friederich Nietzsche) a pensar, pero en los años 50 el duque y la duquesa de Windsor lo descubrieron como lugar de vacaciones. Esa visita encendió la mecha de la eclosión que convirtió a Portofino en destino exclusivo de magnates y figuras del show biz. Al poco tiempo llegaron desde Holly-wood Elizabeth Taylor y Richard Burton, Greta Garbo y Rex Harrison, Ava Gardner y Humphrey Bogart, y Orson Welles. Ingrid Bergman arrastró a sus alcobas a Roberto Rossellini, y Sofía Loren a Carlo Ponti. También estaban los que aparentaban estar solos, como Clark Gable o John Wayne. Los que ganaban páginas con escándalos: Greta Garbo nadando desnuda, Rex Harrison tirando su Oscar al mar, y otras cosas que iniciaron la pasión de los paparazzi. Y si estaban ellos no podía faltar el escritor del jet set, Truman Capote, o dejarse ver Ernest Hemingway tras una escapada a cazar leones en África, que lo había citado allí en lo de Pablo Picasso.

Hoy, nada ha cambiado. Portofino sigue siendo elegida. Por allí se pasean George Clooney, Brad Pitt, Matt Damon y su mujer, la salteña Luciana Barroso, Jennifer Lopez y Marc Anthony, el multimillonario Roman Abramovich (propietario del Chelsea) y su novia, la ex modelo y diseñadora rusa Daria Zhukova, o John Elkann, el heredero Agnelli.

Desde el boom de los 60 nunca faltaron diseñadores de moda soleándose en sus playas: por caso Christian Dior que le llegó a dedicar el perfume Escale a Portofino (Escala en Portofino). Portofino es uno de esos lugares que usa el jet set para ver y ser visto, pero que no se eligen por capricho, sino por sus encantos. Y esa es una antigua aldea de casitas multicolores que forman un anfiteatro que mira a ese mar repleto de yates de magnates. El ambiente relajante, el clima mediterráneo, las suaves colinas cubiertas de bosques de pinos y olivos, son un decorado perfecto para quienes suelen aparecer en «Fortune».

Recorridos

Ubicado en la provincia de Génova, Portofino está dividido en dos zonas: la del Pequeño Puerto, dedicada al turismo, y la del pueblo, que está en lo alto o Portofino Vetta. Este lugar de ensueño no se ha visto alterado a pesar del alto tránsito turístico.

La Piazzetta es el corazón de la ciudad. Es como una paleta de colores que desciende suavemente hasta el mar, donde los pescadores amarran sus botes como si se tratara de una playa. Todo alrededor, bajo las arcadas de los pintorescos edificios de dos o tres pisos, hay boutiques, restoranes típicos, barcitos, y negocios de venta de artesanías.

No deje de visitar el Faro, en la entrada de la bahía, el Oratorio N.S.

Assunta
, del siglo XIV, donde están los crucifijos que salen en procesión el Día de San Giorgio, santo protector de la ciudad. El Castello San Giorgio, que alguna vez fue un lazareto y hoy es una villa privada. El Teatrino es punto de encuentro de artistas de fama internacional, con muestras de arte, convenciones y workshops. Una caminata más larga permite admirar el Monte Portofino, una espectacular reserva natural protegida. Finalmente, vale la pena el esfuerzo de subir a lo alto del monte para llegar al Castello Brown, con sus jardines y bellas terrazas, y una visita guiada interesantísima. Desde allí se tiene la vista más fabulosa de la Bahía de Portofino.

Por la cercanía, a cinco kilómetros está Santa Marguerita, con su pequeña playa de aguas cálidas y cristalinas. O Rapallo, un paraje tranquilo, de aguas turquesa, donde alguna vez el genial poeta norteamericano Ezra Pound se dedicó a elogiar a Benito Mussolini, para escándalo de sus compatriotas. A Cinqueterre, cinco pueblos pesqueros maravillosos, se llega por un sendero que corre entre olivares y viñedos, donde no hay autos, los pobladores viven de la pesca, y hacen un pan casero incomparable.

Mangiare, riposare

En los restoranes ofrecen platos exquisitos, no sólo por la distinción de los chefs sino porque esta zona de Italia se caracteriza por la extraordinaria calidad de los cultivos y las materias primas. La pasta al pesto es el plato típico, y el aroma de la albahaca y el aceite de oliva inundan el alma. No hay que irse sin probar focaccia allolio, trenette al pesto, tagliatelle al sugo di pesce, y la clásica torta pascualina, que aquí es un platillo de excepción.

Portofino no es económico, pero hay hoteles en los alrededores más económicos. En el Hotel Splendido, que tiene una vista desde los balcones de la habitación para dejarse llevar por el ocio entre el desayuno y la puesta de sol, Madonna para festejar sus 51 años reservó 16 habitaciones para invitados y, para ella, la suite presidencial que cuesta unos 50 mil euros la noche. Para celebrar su cumpleaños, hace tres semanas, los modistos Domenico Dolce y Stefano Gabbana, sus amigos de siempre, le hicieron una fiesta en su villa y un paseo en barco, donde estuvieron Naomi Campbell y Gwyneth Paltrow, los hijos de «la reina del pop» Rocco, Lourdes, David Banda y Mercy-, y su novio brasileño Jesús Luz, el de 22 años, que le sirve para olvidarse del director Guy Ritchie.

Lugar de delfines

Portofino fue fundado por los romanos que lo bautizaron Portus Delphini debido a la enorme población de delfines que habitan en el golfo, y que ya tomaron otros mares. En el año 904, la emperatriz del Sacro Romano Imperio, Adelaiga, donó Portofino y gran parte de la montaña de Capo di Monte a los monjes benedictinos de San Fruttuoso para honrar la memoria de su marido, Ottone II. Recién a partir del año 1229 Portofino se transformó en integrante de la República de Génova, así como todo el territorio de Rapallo, transformándose en refugio de la marina genovesa gracias a su puerto natural. En 1409 fue vendido a Florencia pero los mismos florentinos lo restituyeron poco después. Durante el siglo XV estuvo en distintas administraciones familiares, desde los Fregoso a los Spinola, los Fieschi, los Adorno y los Doria. En el año 1814 se incorporó al Reino de Cerdeña, como otras comunas de la República de Liguria, y finalmente al Reino de Italia en el año 1861.