2022: un año en el que el consenso político logrará crear expectativas positivas entre los inversores

Edición Impresa

En 2021, la economía argentina logrará recuperarse de la fuerte caída que registró en 2020: el PBI subirá un 10%, impulsado principalmente por el relajamiento de las restricciones de movilidad.

Gracias a un sinfín de regulaciones, el gobierno tuvo un buen primer semestre en términos de acumulación de reservas internacionales y de anclaje de las expectativas, tanto inflación como de devaluación. Sin embargo, la percepción de una supuesta ausencia de un programa económico integral empezó a hacer eco en los últimos meses del año, obligando al BCRA a vender 1.700 millones de dólares entre septiembre y noviembre para sostener, ficticiamente, al dólar oficial y sus brechas.

En términos de mercado, las regulaciones provocaron una dicotomía entre los instrumentos denominados en pesos y los dólares, que parecen convivir en dos galaxias diferentes.

Los bonos en dólares a un precio de 30 reflejan un castigo ante la falta de definiciones con el FMI, y pierden así un 20% en dólares en el año. Por otro lado, los instrumentos que ajustan por CER son altamente demandados, especialmente por los inversores instituciones locales, que buscan cobertura: registraron retornos superiores al 60% en pesos en el año, y considerando una devaluación del CCL en 50%, suman un 10% de retorno en dólares.

Terminamos 2021 con variables económicas en situación de stress, con expectativas de inflación y devaluación desancladas ante la incertidumbre sobre el potencial ajuste. A todo esto, acechan nuevas variantes del covid-19, que suman incertidumbre al desempeño de la actividad económica.

Lo que viene

Ahora bien, el 2022 trae desafíos importantes para la Argentina. El gobierno y el FMI están cerca de un acuerdo, consensuado con el Congreso. El mismo incluiría una regla de disminución del gasto que lleve a un esquema gradual de convergencia fiscal. Esto, a su vez, permitirá amainar el financiamiento del déficit fiscal vía emisión monetaria, con la consecuente baja en la inflación. Estos puntos darán lugar a un ajuste ordenado del tipo de cambio, con un aumento de la tasa de devaluación más cercana a la inflación, derivando en un achicamiento de las brechas. En conjunto, el programa permitirá el anclaje de expectativas de inflación y devaluación, fundamental para el aumento de la confianza del mercado.

Con respecto a la actividad económica, esperamos que los motores de crecimiento del país se promuevan desde los sectores generadores de divisas, como el agro y la energía, lo que a su vez repercutirá positivamente en la generación de dólares genuinos.

El agro seguirá en niveles altos. Este año, CIARA (Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina) reportó ingresos récord: en los primeros diez meses del año, el ingreso de divisas por 28.000 millones de dólares reflejó un incremento del 66,6 % con respecto al mismo período del año pasado. Marcó, además, un récord absoluto para el mismo período desde comienzos de este siglo.

Sin embargo, la contribución para 2022 será menor debido al esperado descenso de los precios internacionales. Asimismo, el sector de generación de energía tiene un potencial muy importante. El sector privado necesita inversión en infraestructura energética para que esta industria pueda seguir ampliando su capacidad. En este punto, una posibilidad sería reactivar los contratos entre las empresas privadas que demandan energía y las generadoras.

Recomposición

2022 será un año de grandes desafíos, pero también será el momento de encarar definiciones críticas en materia económica, que traerán la tan aletargada recuperación de los activos argentinos en general.

En particular, esta recomposición de precios podría darse en los bonos en dólares, que representan una oportunidad de retornos muy atractivos, dado que se negocian en paridades muy bajas para la potencial mejora en los fundamentales del país.

Todo esto se da en un contexto político donde se percibe que el gobierno finalmente logró articular una dinámica de trabajo con alto grado de cohesión, que le permitiría tomar las decisiones necesarias para que las mejoras en los números macroeconómicos logren crear expectativas positivas, principalmente entre los inversores.

Temas

Dejá tu comentario