Hemos visto cómo la moral ha vuelto a formar parte de la discusión económica y el mercado es un mecanismo que la fomenta, teniendo además un fuerte incentivo para hacerlo, ya que la inmoralidad le resulta destructiva. Esto explica tanto en la teoría como en la práctica la superioridad -en cuanto a los beneficios sociales y económicos que emergen- de la autorregulación sobre la regulación estatal. A pesar de esto, la inmoralidad por acción u omisión puede enquistarse en los mercados cuando no existe un mínimo de agentes con estándares morales altos (Rothenhausler et al., 2013), especialmente en los neofascismos, y si se vuelve rampante la demanda de regulaciones crece, aun a sabiendas de que éstas empeoran las cosas (Bris, 2005). Es por esto que un nuevo marco regulatorio, aun el mejor, de nada sirve (Bilz y Nadler, 2013) si no se soluciona la cuestión ética del mercado (Tomasik y Akibami, 2011) o si el regulador es ineficiente o corrupto (Berkman, et al., 2010). De hecho, es preferible que no haya ninguna ley a que exista una mala ley o una buena ley que no se aplica correctamente (Bhattacharya y Daouk, 2004). Todos estos problemas se potencian si además enfrentamos una integración forzada del mercado (O´Hara y Ye, 2009). ¿Y cuál es el problema con no tener un mercado financiero desarrollado?: que los que más sufren son los más pobres (Demirguc-kunt y Maksimovi, 2002). La idea con esta serie de comentarios ha sido que usted, lector, comprenda mejor al mercado. Ojalá sirvan estas líneas, si no es para que las personas de bien se paren y actúen en consecuencia, al menos para que les den la espalda y no aplaudan hoy a la corrupción, la inmoralidad y la desaparición del mercado. En otra rueda insignificante ayer el Dow retrocedió el 0,01% a 15.520,59 puntos.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario