3 de junio 2016 - 00:00

Aranguren, el Moreno macrista

Rogelio Frigerio se paró y habló al oído de Juan José Aranguren. El ex Shell se levantó. Juntos salieron del salón. Los gobernadores suspiraron: la discusión con el ministro de Energía, por el aumento de la tarifa del gas, había trepado en virulencia y, en esos términos, nada saldría de la reunión. Al rato, el ministro del Interior volvió y certificó el tope del 400%. Aranguren, unos minutos antes, había hecho enfurecer a los mandatarios que le reprocharon subas de hasta el 1300%. "Según mis datos, ninguna suba es de más del 800%", dijo a quien empiezan a llamar el "hombre del Excel".

Los chispazos fueron menos intensos en charlas posteriores con gobernadores e intendentes, como si Aranguren se hubiese -según un cacique peronista- "domesticado". Hay otra mirada: tras varias derrotas, el ministro está golpeado. Aparece, en paralelo, otro asunto. Desde el propio Gobierno llovieron las críticas al manejo que Aranguren hizo del tema tarifario. Una explicación lineal es que con subas que en algunos rubros trepan a más del 1000% es imposible que no se trasladen a precios.

Pero el punto es otro. Mario Das Neves, chubutense y visceral, fue uno de los primeros que castigó a Aranguren. Ayer se sumaron dirigentes del conurbano que lo acusaron, luego de verse con el secretario de Deportes, Carlos Mac Allister, de no querer que los clubes de barrio puedan adherir a la tarifa social. Dijeron, en verdad, lo que les trasmitió el pampeano: que Aranguren no quiere ceder.

La perdigonada de los opositores es producto de una sumatoria de factores, una de los cuales es que lo difícil que resulta encontrar un dirigente del PRO que defienda al petrolero. Por eso el PJ empezó a pegarle: los gobernadores, los intendentes. En Congreso ya sumaron número para citarlo el próximo miércoles y hasta Antonio Cassia lo presiona para que intervenga en el sector.

Aranguren ocupa, por momentos, el rol que le tocó a Guillermo Moreno en la era K. Administrar un sector sin simpatías y a los golpes. Y, como le ocurrió al exsecretario de Comercio, lo persigue el costo de la soledad política.

Pablo Ibáñez

Dejá tu comentario