2 de abril 2009 - 00:00

Argentinos recortan gastos, pero no dejan de darse gustos

Los consumidores no dejaron de comprar, pero eligen los productos más baratos de los comercios, como por ejemplo el plato menos costoso, prefieren medicamentos genéricos en vez de primeras marcas y se inclinan por los alimentos más económicos.
Los consumidores no dejaron de comprar, pero eligen los productos más baratos de los comercios, como por ejemplo el plato menos costoso, prefieren medicamentos genéricos en vez de primeras marcas y se inclinan por los alimentos más económicos.
En un intento de sobrevivir a la crisis, los argentinos recortan cada vez más sus gastos sin dejar de darse gustos. Restoranes, peluquerías, farmacias y pescaderías reconocen que sus clientes se inclinan, últimamente, hacia lo más económico que ofrecen. Compartir platos, comprar medicamentos genéricos y suspender la manicura son algunos de los comportamientos que se observan en el último tiempo.
Varios restoranes consultados de las zonas de Palermo y Belgrano aseguran que, aunque la cantidad de comensales no ha bajado notablemente, la gente se fija en los precios para pedir lo menos costoso de la carta. En «Carita Moreno» del barrio de Palermo afirmaron que, muchos de sus clientes, ahora «prefieren compartir platos, no piden postre y ordenan vinos más baratos. Bajaron el gasto, pero no dejaron de venir, sino que consumen menos».
Autocontrol
Por su parte, «Lo de Paka», ubicado en el barrio de Belgrano aceptó que el promedio del gasto por persona bajó más del 10% y que la gente se fija más que antes en los precios a la hora de ordenar. Además, en «Bar Abierto» de Plaza Serrano, aclararon que los comensales extranjeros no escatiman en gastos, pero que los argentinos piden menos platos principales y se inclinan hacia las pizzas y empanadas. En cuanto a las bebidas, en el último tiempo, la cerveza -la bebida alcohólica más económica-, le gana notoriamente a los tragos elaborados.
Por su parte, las peluquerías notaron que sus clientes, últimamente, obvian ciertos tratamientos y distancian las visitas. En «Debra Wais», en el barrio de Palermo, agregaron que «la gente sigue yendo, pero recortaron sus gastos y evitan los servicios costosos. Cada vez pasa más tiempo entre visita y visita, por ejemplo se arreglan las manos menos seguido». Por su parte, en «Alternative Hair» del barrio de Recoleta advirtieron que «muchos clientes vienen ahora con el pelo lavado o se hacen baños de crema en su casa. La gente no se cuida como antes y evita hacerse los pies y la manicura».
Las farmacias también notaron este fenómeno, ya que sus compradores se están alejando de las marcas conocidas. En «Azul Las Heras», de Recoleta, sostienen que mucha gente pregunta últimamente por lo más barato y aprovecha que en las recetas, hace un tiempo, los médicos ponen el nombre del genérico además de la marca del medicamento y que, entonces, puede elegir lo más económico. En «Delko Belgrano» también advirtieron que sus clientes se inclinan más por lo genéricos «porque los productos de marca cuestan casi el doble».
Un rubro que resultó muy castigado por la crisis y que no fue víctima de esta tendencia, es el de la ropa. Los locales consultados admitieron que las ventas durante la temporada veraniega fueron mucho más bajas que otros años y ni siquiera con la llegada de las liquidaciones repuntaron demasiado. «La gente no esperó las rebajas para adquirir ropa, sino que suspendió sus compras. Además, cuando tiene $ 100 en la mano, prefiere gastarlo en comida o algo más fundamental que en vestimenta», sostuvo una vendedora del local Scombro.
Pero no sólo los locales en los que se adquieren «extras», como la ropa sufren el intento de economizar de sus clientes, sino que también le sucede a los que venden productos fundamentales para vivir. El vendedor de una verdulería del barrio de Belgrano reconoció que la gente dejó de comprar las frutas y verduras más caras, como ciruelas, manzanas -que de $ 4 o $ 5 el kilo pasaron a costar $ 8- y hasta lechuga, que de $ 6 el kilo, hoy sale $ 15.

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