Todavía demasiado temprano para ir advirtiendo sus efectos, 2013 resultará el verdadero «año bisagra» en el historial de la Bolsa de Comercio local. En pasajes de su trayectoria, de casi 160 años, esos años se veían reflejados por los momentos muy marcados de prosperidad -los «boom»- después seguidos de una época de derrumbes. Ahora es distinto, aquí se trata de una variante de raíz en el marco acostumbrado del sistema bursátil y donde puede desde ya arriesgarse a que ni la forma ni el contenido permenecerán como antes fueron. En 1968, al sancionarse la Ley 17.811 y puesta en vigencia, también se podía considerar como uno de los acontecimientos mayores en la historia. Porque colocaba en caja, y en disciplina, a todo un sistema que navegaba por aguas peligrosas. Pero colocar dentro un nuevo orden lo conocido no es igual a introducir variantes desde los propios cimientos del sistema, operatorias y intervinientes en el sistema. Junto con ello, una especie de culto por la alta tecnología, las investigaciones y fallos de orden «inapelable», las intervenciones potenciales a empresas cotizantes y la habilitación de nuevos agentes bursátiles, extra muros del Merval. Hay muchas más cuestiones para detallar y que quedan pendientes, con el suspenso de ver cómo se aplican. Tal la obligación de constituir a la Bolsa como «sociedad anónima», hecho que varía en absoluto la figura social de la entidad señera. Por sobre todo, pensar de dónde provendrán los nuevos protagonistas. No es utópico imaginar que la banca adquieratal protagonismo, acaso yendo hacia caminos hechos ya en otros mercados y donde los instrumentos puramente bancarios se convierten en bursátiles, la llamada «securitización». La tarea del inversor será la de ir advirtiendo de qué cuadrante soplarán los vientos del mercado. Y tener la «sintonía fina» para saber adecuarse a marcos y ritmos que serán inéditos para el ambiente local. Además, rezar, porque sean buenos...
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