24 de octubre 2011 - 00:00

Arrasó Cristina en votación que asegura poder para 2° mandato

Cristina de Kirchner celebró anoche en el hotel Intercontinental el aplastante triunfo en las presidenciales que le dio un nuevo mandato. Llamó a la unidad de todos, hizo señales de acuerdo social y recordó a Néstor Kirchner.
Cristina de Kirchner celebró anoche en el hotel Intercontinental el aplastante triunfo en las presidenciales que le dio un nuevo mandato. Llamó a la unidad de todos, hizo señales de acuerdo social y recordó a Néstor Kirchner.
Cristina de Kirchner ganó ayer la reelección para un nuevo mandato con un resultado aplastante en unas elecciones presidenciales en las que sacó una de las diferencias con el segundo, Hermes Binner, más grande de toda la historia electoral argentina. Confirmó así el adelanto que significó la megaencuesta que fueron las primarias del 14 de agosto pasado, pero aún más: superó aquel resultado del 50,89% que vaticinaba lo que ocurrió ayer, un triunfo indiscutible en primera vuelta.

En las elecciones de ayer se mantuvo el promedio de asistencia al voto de alrededor del 75% y el resultado relegó al socialista Hermes Binner a un segundo puesto con el 17,14% de los votos. Detrás se alinearon Ricardo Alfonsín, Alberto Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde; cerraron el pelotón Jorge Altamira y Elisa Carrió. El triunfo de Cristina de Kirchner por tan amplia diferencia significa que no sólo arrastró los votos de su partido, sino que se convirtió en referencia de amplios sectores independientes y de votantes que antes habían respaldado a sus opositores, pero que esa vez lo hicieron en beneficio de la fórmula del oficialismo que integró con el ministro de Economía Amado Boudou.

El resultado de ayer lo completó el oficialismo con un avance en el número de bancas en las dos cámaras del Congreso cuya dimensión aún se discutía esta madrugada y que se zanjará de manera precisa en el escrutinio definitivo. En esta elección se cumplió un fenómeno característico de la historia electoral argentina que se repite en todos los comicios: el peronismo logró vencer al arco opositor porque completó el tercio tradicional de votos que tiene el Partido Justicialista con el aporte de partidos de izquierda moderada y de radicales que se fueron con el kirchnerismo en 2007 y que no regresaron al partido.

Imposibles

La dimensión del resultado no se explica sólo por los desatinos de los partidos de la oposición no ya divididos como pretendieron en su momento algunos dirigentes -como Mauricio Macri-, sino que cada cual llegó a la elección peleado con sus socios. Era imposible que Binner mejorase su chance si se peleó con los radicales, de quienes es socio en la gobernación de Santa Fe; que Eduardo Duhalde contuviese la licuación del Peronismo Federal o disidente si llegó a la elección a los golpes con Alberto Rodríguez Saá y hasta con su compañero de fórmula, Mario Das Neves, o que Ricardo Alfonsín obtuviera resultados decorosos si se alió en Buenos Aires con el conservador Francisco de Narváez, y llevó de candidata a diputada a una exministra del Gobierno Kirchner (Graciela Ocaña) desentendido de los socialistas y de la Coalición Cívica de Elisa Carrió, con quienes se había aliado la UCR en 2007.

Esta madeja de desaciertos no empaña ni explica el triunfo del oficialismo que tiene firmes razones. Primero, ha representado el ánimo colectivo en todo el país de continuidad de un Gobierno nacional que se ha dedicado, en cuanto ha podido, a satisfacer las demandas de la burguesía que se han expresado en todas las elecciones de la última década. Ese ánimo de continuidad es el mismo que le dio el respaldo a los oficialismos provinciales en las trece elecciones que se hicieron a lo largo del año, en ninguna de las cuales la oposición local pudo alzarse con un triunfo.

Sin eco

En esas elecciones la suerte del kirchnerismo fue variada, pero tampoco tuvieron buenos resultados los candidatos locales que se referenciaban en postulantes y partidos nacionales que proponían una ruptura o un cambio drástico frente a lo que ofrecía el kirchnerismo. En esas elecciones, los mensajes en favor del cambio que alzaban Duhalde, Carrió, Rodríguez Saá o Altamira no tuvieron eco en los votantes, mientras los más moderados, que le escaparon a una confrontación a fondo, como Binner o Alfonsín, tuvieron mejores resultados.

Esta habilidad para expresar el ánimo colectivo de continuidad desde los candidatos a la presidencia y a la vice la completó el peronismo con el ejercicio de su principal activo político, el dominio territorial en la mayoría de las provincias. Ayer, en ocho elecciones provinciales también ganó el peronismo, que retuvo Mendoza, hizo reelegir gobernadores en Buenos Aires, San Juan, Formosa, La Pampa, Santa Cruz, Entre Ríos y renovó, para el oficialismo, en Jujuy. (En San Luis, Rodríguez Saá logró imponer un sucesor de su misma formación.) Para la oposición, que gobierna sólo en tres distritos (Capital Federal, Corrientes y San Luis), el desafío frente al poder territorial que mantiene con eficacia el peronismo fue imposible no ya de vencer, sino de enfrentar.

Marketing

El único recurso que tenían estos adversarios deshilachados era el marketing del último mes, que también fue quebrado por la campaña del kirchnerismo que fue moderada, sin las tradicionales concentraciones de masas que ahuyentan al electorado moderado y ajustado a un solo lema, la fuerza de la candidata a presidente que reclamaba, como lo logró, el respaldo para un nuevo mandato. Un mérito adicional es que logró revertir la tendencia antigobierno que se había manifestado en la elección legislativa de 2009, en donde llegó a perder en el distrito más grande de la Argentina nada menos que poniendo en la cancha a Néstor Kirchner y a Daniel Scioli, sus principales jefes políticos. En dos años no sólo debió enfrentar el Gobierno a sus adversarios en un Congreso que dominaban quienes ayer han sido derrotados; también sostuvo iniciativas que ampliaron la identificación con amplias mayorías que modificaron su percepción de un oficialismo que hasta aquel año se basaba en una estrategia de confrontación que la ganadora de ayer modificó al punto de convertirse en la presidente que mantiene el cargo sin desgaste y con el agregado de ampliar la diferencia de 2007 y alcanzar un récord de la mayor distancia con el segundo.

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