20 de diciembre 2018 - 00:02

Un viaje de reconocimiento

tres rostros. Benhaz Jafari y Jafar Panahi en una escena del film
tres rostros. Benhaz Jafari y Jafar Panahi en una escena del film

El comienzo es fuerte: antes de ahorcarse, una chica angustiada graba un mensaje de reproche a una famosa actriz que debía ayudarla. ¿Pero se mata de veras o es sólo un número para llamar la atención? A fin de cuentas, quería entrar al Conservatorio de Arte Dramático. Para entender lo que pasó, la actriz viaja con un amigo director de cine casi 500 kms., desde Teherán hasta el villorio perdido donde vive o vivía la posible suicida, casi en la frontera noroeste, donde el farsi se mezcla con el turco y la gente tiene sus propias normas.

¿Cómo entablar allí un diálogo y comprender lo que pasó? Lo curioso es que, pasada la primera impresión, no parecen mala gente. A su manera son respetuosos, hospitalarios, más o menos tranquilos. Sólo que la chica les parecía un parásito presumido. Pero el único loco a la vista es el hermano, al que los padres siempre alejan de toda discusión. También lejos vive una viejita, repudiada porque hace tiempo fue actriz y bailarina. Paradójicamente, todos admiran a la actriz que viene ahora. Es que la conocen de la televisión.

Ella es Benhaz Jafari (“Pizarrones”, de Samira Makhmalbaf) haciendo de sí misma. Su amigo es Jafar Panahi, al mismo tiempo realizador de la película que estamos viendo. Él siempre defiende los derechos de las mujeres iraníes. Lo hizo en dramas como “El círculo” y en comedias como “Offside”. Ahora empieza esto como drama de denuncia, pero de a poco lo convierte en amable pintura de personajes y costumbres. Es que nació en esa zona, esos son sus paisanos. No los odia ni los desprecia, y ahí está también el placer de la película, rica en su tranquila sencillez. La viejita mencionada es Shahrzad, nacida Kobra Saeedi, que llegó a directora en 1979.

“Tres rostros” (“Se Rokh”, Irán, 2018). Dir.: J. Panahi. Int.: J. Panahi, B. Jaffari.

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