De joven, la política no parecía importarle demasiado. De familia acomodada y educado en el Liceo francés, se dedicaba a estudiar, le gustaba dar paseos en yate... Cuando terminó la carrera de Ciencias Económicas y Empresariales pasó a trabajar de ejecutivo y dirigió una sociedad de inversiones.
Muerto el dictador Francisco Franco, el joven Mas rehuyó los avatares de la transición política española y recién se afilió a su partido, CiU, estando ya cerca de los treinta años.
Muchos independentistas catalanes no habrían pensado jamás en votar a alguien como él hasta hace poco tiempo. Pero ahora, este hombre de imagen impecable, formas educadas y dominio del inglés y del francés junto al catalán y el español se ha convertido en el adalid de las aspiraciones secesionistas de muchos.
Tanto que, como se vio ayer, terminó por plantearle al Gobierno de Mariano Rajoy el desafío independentista más fuerte que se se haya visto en la España democrática.
Hace un año, y tras sólo dos de mandato como presidente del Gobierno regional de Cataluña, Mas -un católico ferviente y excelente orador- adelantó en otros dos los comicios autonómicos en la región económicamente más fuerte de España -y también la más endeudada-, para después, con una "mayoría indestructible", impulsar la celebración de un referendo de autodeterminación, cuente éste o no con la autorización de Rajoy. Ganó, aunque debió apelar a una coalición con otros partidos soberanistas, lo que le permitió mantener vivo el proyecto de independencia.
"No se podrá impedir, si Cataluña quiere ir por aquí, que el pueblo catalán pueda pronunciarse sobre su futuro", dijo entonces. Su desafío independentista, el primero planteado por un presidente catalán, llega en medio de la grave crisis económica que atraviesa España, que desató una pelea fiscal entre las regiones ricas, que argumentan contribuir demasiado a las arcas españolas, y el centro.
Mas se puso así al frente de una reivindicación que hasta entonces había sido territorio exclusivo de partidos independentistas más pequeños que una CiU pragmática que nunca llevó la independencia en su programa electoral y que en el Congreso de los Diputados, en Madrid sostuvo a lo largo de los últimos treinta años a gobiernos españoles tanto de derecha como de izquierda.
No fue hasta 2007 cuando Mas comenzó a hablar de soberanismo y del derecho de los catalanes a decidir.
Llega ahora el mayor desafío. Tiene en contra el rechazo de Madrid, pero cuenta con un sentimiento nacionalista que crece en la calle. ¿Alcanzará?
| Agencias AFP y DPA, y Ámbito Financiero |


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