Ascar: “Para mí fue dar a luz dos veces”

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Periodista: La confección del telón coincidió para usted con un embarazo y parto. ¿Cómo logró llevar simultáneamente adelante ambas gestaciones?

Julieta Ascar: Yo tenía un plan de producción en función de mi embarazo, y al adelantarse el parto en dos meses se alteraba todo, pero milagrosamente las cosas se acomodaron. Conté con mucha ayuda de mis asistentes, del personal que trabajó con nosotros y de la Dirección Escenotécnica del Colón. Yo quedé internada a principios de diciembre, ese día se empezó a tejer el jacquard. La pasamanería, ya estaba entregada, y una modista armaba a mano las onditas y me las traía. Cada planta-lira era como un rompecabezas, porque la máquina no tejía más de 70 centímetros, y ese ordenamiento sólo lo sabía yo, que estaba en el hospital. Teníamos las láminas pegadas en la pared de la habitación. Para cortar eso venía un rollo de tela de 70 cm. de ancho, y como todos los bordes son irregulares mis asistentes venían al hospital con un patrón completo, y en el patio, en el cambio de turno de las enfermeras, yo cortaba. Para overlockear los bordes las chicas le llevaban los cortes a la modista, ella hacía ese trabajo y los llevaba al taller. Por eso digo que para mí eran dos hijos; uno humano y el otro no, pero a ambos les dedico la misma pasión y la misma entrega. Incluso en cierto momento se dio otro paralelo: una vez nacida mi hija, había que lograr que aumentara de peso, y lo mismo había que hacer con el telón. Era la misma tarea.

P.: ¿Cuáles fueron las premisas del diseño y la realización?

J. A.: La principal es que el telón es una pieza de escenografía, y como tal tiene que ser acorde con la escala arquitectónica del Colón, que es enorme y no se compara con la de casi ningún otro teatro del mundo. Otra fue que estuviera hecho con materiales nobles, en la Argentina, y por la gente del Teatro, para que lo sientan propio, y hay que ver lo orgullosos que están. La paradoja es que para guardar fidelidad al dibujo, que era todo orgánico y guarda tanta gestualidad, esa parte fue hecha en forma industrial, y la pasamanería, que construye un canon arquitectónico y rítmico, fue artesanal. La tecnología quedó debajo de todo, pero sin ella hubiera sido inconcebible.

Entrevista de M. P.

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