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Asoma curiosa trama de libreros y pedagogos en el caso escuchas
Domingo Faustino Sarmiento
No agrega más a lo que se sabe que un cúmulo de contradicciones entre las historias sobre quién mandó a pinchar, quién trajo al espía James y quién se lo llevó. Agita los brazos Mauricio Macri en reclamo de inocencia, afirmando que nada sabe, que no conoció a nadie, que nunca mandó a delinquir. Pero en el teatro de la memoria -diría Sciacia- todo termina siendo cierto. Cualquier biografía bajo la lupa a lo largo de 641 páginas es una presunción de culpabilidad. Como ocurre con las cámaras ocultas, ésta surge de la estética misma, por género, un arte que convierte en delito al acto más inocente y bondadoso (desde abajo, fuera de foco, con sonido sucio).
De las 641 páginas que revisarán abogados, camaristas y cortesanos de la Justicia seguramente para desandar todo y dar vuelta los dictámenes de hoy, salen todos manchados. No tanto los políticos, los espías y los policías, que ya entraron al escenario con la ropa manchada. También otros actores de reparto que, como en los buenos armados argumentales, sostienen la letra de los protagonistas.
Hay para elegir, por ejemplo, esa misteriosa conexión universitaria que recorre esta historia. ¿Qué hay en la Universidad de La Matanza
-distrito de las más vieja política- que los macristas porteños de la neopolítica fueron a buscar una ciencia que no tenían? Y nada menos que sobre seguridad, un rubro en el cual el conurbano bonaerense sólo acumula aplazos.
¿Esa era le respuesta a la demanda de seguridad del público que quiso responder Macri con la creación de una Policía que puede ser su tumba política? ¿La solución a la inseguridad porteña vendría nada menos que del conurbano?
Más para el disparate: que esta fábula la animen no sólo espías, policías, parapoliciales y funcionarios sino un grupo de pedagogos y libreros, razas inocentes si las hay. Mariano Narodowski, procesado el viernes, es un académico que rebota por segunda vez en un intento de convertirse en político.
La primera fue en 2003 cuando apareció como encargado de los equipos de campaña en asuntos educativos de Macri. Era vicerrector de la Universidad de Quilmes, una casa en donde roncan fuerte los kirchneristas -Chacho Álvarez y Juan Manuel Abal Medina tienen cátedras que premian su larga trayectoria científica y académica-. El entonces rector Julio Villar le pidió la renuncia por mostrarse como hombre «de derecha»; la presentó cuando el consejo académico no lo respaldó, pero se llevó puesto a Villar, quien también renunció.
Una de las figuras de la gestión Villar -primer rector de su universidad- fue la editorial que mostró un modelo nuevo en esa materia. El gestor fue uno de los actores de reparto en esta trama, el editor Rolando Echave, que se había pasado antes de la crisis de Villar con armas y bagajes nada menos que a la Universidad de La Matanza, una de las grandes obras que se atribuye el ex hombre fuerte del distrito, Alberto Pierri.
Se llevó allí sus mejores proyectos, entre ellos una monumental edición de las obras de Domingo Faustino Sarmiento en 54 volúmenes. Detalle familiar, Julián Echave, su padre, ha sido vicerrector de esa casa que le dejase hace tiempo de responder a Pierri.
Narodowski se refugió en la privada Universidad de San Andrés hasta que asumió como ministro de Educación de Macri en 2007. ¿Qué urgencia lo acercó a Echave? Niega conocer a ninguno de los espías citados en la causa, pero el suegro de Echave, Omar Di Nardi, dice en la causa: «Que para desempeñar funciones en el Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires no fue recomendado por ninguna persona, sino que su yerno, Rolando Echave -director Editorial de la Universidad de La Matanza- le refirió que presentara un currículum por mesa de entrada en el Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, siendo llamado al tiempo para firmar el contrato de locación de obra».
Echave dice conocerlo a Narodowski desde hace 13 años cuando ése era profesor en Quilmes y él dirigía la editorial. Todos niegan que le recomendasen al ministro que lo contratase a Ciro James. Echave admite que sólo le dijo que podía presentarse en el ministerio de Narodowski porque estaban buscando abogados. En su declaración dijo que «Con relación a Ciro James -a quien conoció a raíz de su cargo como director de la Editorial de la Universidad de La Matanza-, expuso que en un encuentro le sugirió que se presente ante el Ministerio de Educación de la Ciudad, por cuanto existía una convocatoria abierta de currículums; sin perjuicio de lo cual aseguró que jamás lo recomendó para el ministerio, pero sí lo hizo con respecto a su suegro de nombre Omar Di Nardo».
Oyarbide, hombre que se reserva algunas ironías en el fárrago escrito, llega a llamarlo a Echave «el recomendador» por la velocidad con que se tramitaban sus pedidos en la mesa de entrada del ministerio.
Pero quien tire de esta cuerda universitaria descubrirá picardías menores pero patéticas en el manejo del dinero público. ¿Por qué pedirle gente a una universidad del planeta peronista? En la administración porteña designar a alguien es un trámite que puede demorar meses. Para eso se ha inventado un sistema pardo que consiste en firmar un convenio con una universidad, ente que por su autonomía puede designar personal con un acta de consejo académico. El dinero de los contratos se lo da el Gobierno porteño a la universidad y le indica también a la gente que tienen que designar. La universidad lo hace como parte de un compromiso de prestación de servicios a terceros -sistema amparado por la ley- y se queda con algún dinero como comisión para alimentar un fondo para atender el proyecto. Como se trata de relaciones entre entes públicos hay eximición de impuestos y hasta se puede sumar la tarea de alguna empresa sin necesidad de licitación.
Le corresponde al juez comprobar que en el acuerdo no escrito entre el Gobierno Macri y la Universidad de La Matanza, la Capital haya mandado el dinero para pagar los contratos, pero además la lista de quiénes debían ser designados. ¿Qué urgencia había? Que con la creación de la nueva Policía se acumulaban los pedidos de ingresos de ex agentes federales a quienes se les exigía dejar la Federal, pero no había con qué pagarles hasta que se creasen las estructuras nuevas o por la demora en designarlos. Necesito gente, diría el comisario Palacios. Nómbrenla, le responderían. No sé, en donde haya partida. ¿Dónde hay? En Educación y allí podría nacer esta responsabilidad presunta de Narodowski, que choca en su segunda navegación política y tiene razón, también en tener bronca con quienes le metieron, siendo nada más que un pedagogo, en el disfraz de master spy.
James era un «undercover» de la Federal; es comprensible que ocultase sus intenciones de espía. Eso levanta la bronca de Macri, quien insiste en que el espía trabajaba para la SIDE y la Federal y le quieren echar a él la culpa. Dice que era pinchado y no pinchante en esta novela. Difícil, para quien conoce a Macri, que supiera todo esto. La Justicia por ahora no le cree. Su destino político lo obliga a remontar este revés.


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