De izquierda a derecha: Rafael Michelini, el vicepresidente Rodolfo Nin Novoa y el vocero económico de Astori, Fernando Lorenzo, ayer en diálogo con la prensa en San Telmo.
De paso por Buenos Aires, el comando de campaña presidencial de Danilo Astori aclara que no quiere realizar comparaciones de las realidades políticas de países latinoamericanos. Pero el vicepresidente en ejercicio, Rodolfo Nin Novoa, volcado a impulsar al ex ministro de Economía frenteamplista, se pregunta de inmediato: «¿Por qué los agricultores argentinos se van a plantar soja y trigo al Uruguay?». Y se responde: «Porque allá encuentran confianza y certidumbre; se puede planificar, porque hay respeto por las reglas establecidas y por los poderes institucionales».
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Nin Novoa pasó por la Capital argentina para un encuentro con empresarios y dirigentes locales junto al jefe de la campaña de Astori, Rafael Michelini, y quien se menciona como titular de Economía en una futura administración frenteamplista, Fernando Lorenzo. De cara a las primarias que se dirimirán el domingo -se estima que hasta 15.000 argentino-uruguayos podrían acudir a votar-, una inoportuna y prolongada neumonía quitó de la escena a Astori durante las pasadas tres semanas y, ya recuperado, el economista focaliza sus esfuerzos proselitistas en su país. No lo tendrá fácil, según las encuestas. Todas marcan una ventaja del ex tupamaro José Mujica para encabezar la fórmula oficialista. A regañadientes y sin perder las esperanzas de revertir «los 35.000 votos que necesitamos de acá al domingo», los astoristas imaginan un diálogo con el sector más ideologizado del Frente que podría concluir con su jefe político como candidato a vicepresidente. A cambio, piden mucho más que un lugar en la fórmula. Reclaman «pronunciamientos y equipos».
La «confianza», término que reiteran los tres representantes uruguayos, es el eje de la campaña de Astori. Es lo que permitió que la inversión extranjera directa pasara de u$s 250 millones en 2002 a casi u$s 2.000 millones en 2008.
¿Cómo convivirá Astori con el Gobierno argentino tras estos años de turbulencias por las papeleras? «Hemos apostado siempre al entendimiento, y el pronunciamiento de La Haya va a marcar un punto de inflexión, porque va a ser acatado por ambos países, que son Estados de Derecho, y se van a abrir canales de comunicación». Y luego desliza Nin Novoa, como quien no quiere: «Mujica tiene buena relación con los Kirchner y el Gobierno argentino».
Michelini habla de pragmatismo electoral apuntando a los comicios generales del 25 de octubre, en las que un frenteamplista deberá vencer al casi seguro candidato blanco, el ex presidente liberal Luis Alberto Lacalle: «Desde una perspectiva de ganar la elección en octubre, hay que generar mucha certidumbre para que una parte del centro termine acompañado al Frente Amplio como lo hizo en 2004». El hijo del emblemático dirigente desaparecido en Buenos Aires afina su pensamiento: «No se arregla la victoria de octubre con una sola pieza. Tienen que darse cuenta de que la sociedad uruguaya pasó 20 años hasta que la izquierda consiguiera su triunfo. Eso explica que la sociedad uruguaya es conservadora; quien no entienda eso, que hay un Uruguay profundo que nos prestó el voto en 2004 y que seguramente si no nos dan los votos correspondientes no nos vuelva a apoyar».
«En cinco años de gobierno de Tabaré Vázquez, la recuperación de la dignidad de los uruguayos ha sido inmensa. Con Astori sacamos varios cuerpos de ventaja de entrada», resume Michelini.
La esperanza del astorismo es un cambio en la matriz del voto frenteamplista. Citan que en 1971, cuando se conformó el Frente Amplio, 200.000 personas acudieron al acto de lanzamiento y, en la elección siguiente, la coalición de izquierda sacó 300.000 votos. El nuevo escenario marcaría que hay «un voto silencioso que sabe que ha habido cinco años de buena gestión».
Y vuelve Kirchner al pensamiento astorista, en este caso en boca de Michelini: «El presidente Vázquez se pronunció a favor de Astori, pero no se ha metido en la campaña. No puede hacerlo. En Uruguay eso es muy estricto y se cumple mucho. No quiero marcar diferencias con otros países».
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