12 de junio 2012 - 00:00

Astudillo: buen repertorio pero demasiados invitados

Lorena Astudillo cantó candombes, chamamés, húyenos, tangos y baladas con calidad, pero abusó de la cantidad de invitados y el show se extendió tres horas.
Lorena Astudillo cantó candombes, chamamés, húyenos, tangos y baladas con calidad, pero abusó de la cantidad de invitados y el show se extendió tres horas.
Actuación de Lorena Astudillo (voz). Con Pablo Fraguela (piano, coros) y Horacio Carilis (percusión). Invitadas: María de los Ángeles «Bruja» Salguero, María de los Ángeles «Chiqui» Ledesma y Mónica Abraham. (Salta y Resto, 9 de junio).

Hay una historia que ubica a Lorena Astudillo, una porteña de 44 años, muy cerca del «Cuchi» Gustavo Leguizamón. Tanto que ella misma bromea con que fue uno de los hombres de su vida por las grabaciones y los espectáculos que le dedicó en abundancia. Más recientemente, se la vio en otro estilo, más abierto, compartiendo escenario y disco con el bajista y cantante uruguayo Daniel Maza. Entonces, se permitió escaparle al folklore y a su ligazón tan inmediata con el gran creador salteño.

Lo nuevo de esta artista parece ser su propio repertorio y está prometiendo nuevo álbum -ya prebautizado como «Un mar de flores»- con algunas de sus composiciones, hasta ahora desconocidas. Y así lo hizo saber en el show que brindó frente a un repleto Salta y Resto, uno de los lugares en crecimiento que está ofreciéndose para la música en Buenos Aires. Con el respaldo musical del pianista Pablo Fraguela y del percusionista Horacio Cacoliris, mostró candombes, chamamés, húyenos, tangos y baladas concebidas en letra y melodía por ella misma, casi siempre con temáticas autorreferenciales y con resultados diversos. Eso, mezclado con un poco del Cuchi, hizo la primera parte de su concierto.

La segunda cambió radicalmente y la cantante se convirtió en anfitriona, de la Bruja Salguero, de la Chiqui Ledesma, de Mónica Abraham, con quienes compartió temas y a quienes les entregó su escenario para que tuvieran sus momentos solistas. Más allá de la generosidad de ofrecer su espacio a sus colegas, este desfile y fuerte presencia ajena fue artísticamente más un contrapeso que un aporte, dicho esto en contra de la opinión que ella misma manifestó. Y dicho también sin quitar mérito al valor individual que pudieran tener cada una de esas otras solistas. Pero con eso, el recital se hizo demasiado largo, perdió contundencia, se perdió el sentido de la presentación de los temas nuevos y, ya sobre la extensa sección de bises, todo se arrimó peligrosamente a un estilo peñero poco cuidado que ha estado siempre lejos de sus planes.

Seguramente, el nuevo disco y un aceitamiento de la nueva propuesta irán poniendo las cosas más en orden para volver a un «estilo de juego» que por unas tres horas perdió esta muy buena artista.

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