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Atrapa una enigmática fantasía colectiva
La naturalidad de los buenos actores de «Neón» hace que el espectador se entregue a las desconcertantes acciones de un grupo de sobrevivientes de un aparente desastre.
Algo grave sucedió. No hay luz en la calle, escasean el agua y la comida, y tanto el transporte como las comunicaciones parecen haber colapsado. Pero esto es apenas lo que puede inferirse de las anécdotas poco precisas que intercambia un grupo de treintañeros, integrado por dos hermanas, sus respectivos novios, el primo de uno de ellos y una vecina medio fóbica y otro tanto invasiva.
No hay en «Neón» grandes revelaciones ni razonamientos que den alguna pista acerca de lo sucedido. Sus protagonistas se muestran algo apáticos y a la vez se interesan por el significado de sus sueños y por actividades muy diversas (acopio de lamparitas, armado de coreografías, falsificación de pasaportes y un desopilante juego de cartas con preguntas muy personales). No niegan ayuda a su prójimo, pero tampoco demuestran un real apego por nadie; a excepción de Gabi (Elisa Carricajo), angustiada por un sueño premonitorio que le anuncia la muerte de su novio, y de Eva (Cecilia Rainero) la vecina sensual y de modales secos que en cada aparición tensa el ambiente con su nerviosismo.
A medida que avanza la obra, las conductas de los personajes resultan menos forzadas y desconcertantes que al comienzo y a través de sus acciones -algunas muy graciosas- van poniendo en evidencia la necesidad de recuperar un orden cotidiano. Pero ninguno ha tenido tiempo de metabolizar el impacto de la catástrofe y eso hace que sus expresiones resulten como corridas de registro. Su realidad es tan vaga como la que experimentamos en los sueños.
Cada uno de estos seis (¿sobrevivientes?) vive este misterioso Apocalipsis con una tranquilidad forzada que bien podría tomarse como una metáfora de nuestro tiempo; al menos en lo que respecta a desorientación, imposibilidad de concebir un futuro, embotamiento del deseo, ausencia de ideales, puesta en crisis de la estructura familiar a favor de la relación inter pares (en este caso quienes se agrupan son amigos, hermanos y primos).
La sugestiva ambientación de Oria Puppo y la naturalidad con que se conduce este grupo de actores permiten que el espectador se entregue sin resistencia a esta suerte de fantasía colectiva y luego saque sus propias conclusiones.


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