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Ausencia de decoro en Berlusconi inspira una ola feminista
Se creía hasta hace poco que a las italianas no las afectaban los escándalos de faldas protagonizados por «il Cavaliere». La actriz Maria Grazia Cucinotta, por caso, culpó a las propias mujeres porque «son ellas las que están detrás de hombres como Berlusconi o cualquier otro que tenga poder».
No es la primera vez que el premier italiano tiene un comportamiento que puede resultar ofensivo para el sexo opuesto. Desde la selección por la belleza física de las candidatas de su partido a la Eurocámara hasta las ofensas públicas a su esposa, pasando por las continuas bromas descalificadoras, las italianas parecían sin reacción ante las ocurrencias de Berlusconi, actitud que podía atribuirse a la idiosincrasia local.
El Indice de Brecha de Género Global, que mide la igualdad entre hombres y mujeres, elaborado por el Foro Económico Mundial, coloca a Italia en un lastimoso puesto 67 entre 128 países. Según la OCDE, una de cada dos mujeres italianas trabaja fuera de su casa, mientras que la media en esa organización es de dos de cada tres.
Hoy, la caída en los índices de aprobación de Berlusconi se verifica sobre todo entre las mujeres, signo de que algo está empezando a cambiar.
A comienzos de año, se conoció un documental titulado «Il corpo delle donne» (El cuerpo de las mujeres), realizado por Lorella Zanardo, que denunciaba la cosificación de la mujer en la televisión italiana en la cual abunda la presencia de mujeres «en cantidad y no en calidad, sometidas al rol de objeto sexual, obligadas a deformarse, falsificadas e irreales, con rostros reducidos a la máscara de una cirugía y en programas donde todo pasa por la estética del strip tease». Chiara Volpato, profesora de Psicología Social en la Universidad de Milán, se queja de que la televisión emita «imágenes de mujeres ligeramente vestidas, bellezas silenciosas que sirven de decorado mientras hombres maduros y completamente vestidos conducen el show».
Nada que no conozcamos por estas latitudes. Italia no tiene el monopolio de las cirugías estéticas, ni de los realities que idiotizan, ni de las mujeres que sobresalen más por la figura antes que por el talento. Pero en estos días, debido al escándalo que tiene como epicentro a las «velinas» (show girls) que frecuentaban la cima del poder, las italianas se han sentido expuestas ante el mundo como estereotipo de mujeres-objeto.
Lentamente, el sentimiento de humillación colectiva está trocando en rebelión. Los diarios se hacen eco de la sublevación de las mujeres contra la «tele-velinocracia». La filósofa Michela Marzano se pregunta «¿por qué tantas chicas creen que el único modo de sobresalir es reducirse a objeto de pulsión? ¿Qué libertad les queda a las mujeres en un país en el cual el poder les propone un modelo único de éxito y de comportamiento?». La periodista María Laura Rodotá convoca a sus congéneres a recuperar la autoestima: «Es el momento de un neofeminismo». Alessandra Bochetti, directora del Centro Cultural Virginia Woolf de Roma, dice que «no basta con la indignación, las mujeres debemos gobernar». La escritora Iaia Caputo acusa al poder de la televisión. Y la filósofa Nicla Vassallo convoca a los hombres a sumarse a la cruzada.


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