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Autódromo de Buenos Aires: el primer proyecto

Menos conocido es el proyecto inicial, que cerró el segundo round a propósito de ese emprendimiento. Todo había comenzado el 13 de diciembre de 1948, luego del regreso de los participantes del Gran Premio del Sur de TC (la famosa carrera a Caracas), durante una reunión del presidente Perón con corredores, directivos y mecánicos. Ángel L. Pascuali le pidió la creación de un escenario de carreras a la altura de las circunstancias, y la contestación fue que se estaba pensando en algo en Ezeiza, combinado con el aeropuerto entonces en construcción. Pero nada de aquello se concretó, evidentemente.
Un tiempo más tarde, ya en 1950, Francisco Borgonovo le insistió al presidente porque «no se podía correr más en Palermo». Efectivamente, las fotos de época son espeluznantes: los autos rozando las filas de árboles, algunos fardos de pasto como única protección, y sobre todo un público que se desbordaba y formaba embudos delante de autos que se acercaban a 200 kilómetros por hora. En ese momento se tomó la decisión de instalar el nuevo autódromo donde ahora está: sobre 130 hectáreas en el extremo despoblado de la Ciudad, más allá de lo que por entonces eran los basurales y «quema» del bajo de Flores, pero bien conectado gracias a la avenida Gral. Paz.
El primer proyecto de trazado que inmediatamente se presentó debió resultar francamente desconcertante (y lo es más hoy día). Es evidente que no fue concebido por automovilistas o motociclistas con inquietudes y conocimientos deportivos, sino por alguien que trató de cumplir su cometido a partir de una síntesis de los trazados callejeros de la Europa de preguerra.
La rápida cronología de los acontecimientos posteriores demuestra que aquel proyecto, que abarcaba 170 hectáreas rodeadas por la Gral. Paz, el Riachuelo, Roca y la continuación virtual de Larrazábal, fue dejado inmediatamente de lado para dar paso, ya con los indispensables rellenos del terreno en marcha, una tercera y definitiva etapa... con un nuevo diseño que inicialmente no contemplaba la horquilla corta ni la «S» que se popularizó como «de los giles» (con 300 metros más de hormigón se pasó de cuatro a 10 circuitos alternativos) y que se concibió para correr antihorario, lo que efectivamente sucedió hasta 1954. Pero ésa ya es otra historia.
«Historia del Motociclismo Argentino» se trata de un trabajo de más de 500 páginas y más de 700 ilustraciones, basado en una larga investigación sobre una enorme cantidad de fuentes calificadas, que no tiene antecedentes y que resulta en un invalorable rescate de los acontecimientos desde los inicios mismos del motorismo local. El autor, conocido por sus notas periodísticas sobre marcas, mecánicas y temas asociados, ha procurado en todo momento situar «en tiempo y espacio» al lector. Arturo Scalise ha patrocinado la publicación de un libro que resume los primeros tres cuartos de siglo de la historia del motociclismo en el país.
Juan F. von Martin
Autor del libro «Historia del Motociclismo Argentino»

