23 de octubre 2009 - 00:00

Avión fantasma a Uruguay desató escándalo en Senado

Mariano Recalde
Mariano Recalde
La presentación del plan de negocios de Aerolíneas Argentinas de ayer del secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, y el gerente general de la compañía, Mariano Recalde, al Senado terminó al borde del escándalo y no sólo porque el gerente general de la empresa tuvo que dedicarse a explicar el polémico vuelo a Montevideo el día del partido entre Argentina y Uruguay que lo incluyó entre los pasajeros junto con amigos (que él mismo reconoció), funcionarios, Facundo Moyano, hijo del camionero, y otros como la familia de Carlos Tevez.

La reunión con la comisión bicameral de seguimiento de la reforma del Estado arrancó mal cuando el kirchnerismo le prohibió el acceso a la prensa al informe que de por sí venía con problemas. Los radicales, ante esa orden se retiraron, y los opositores que se quedaron a escuchar cómo el macrista Esteban Bullrich, a pesar de reconocer la buena voluntad de los funcionarios, amenazaron con no apoyar el plan de trabajo si no se aclaraban algunos puntos. El principal que quedó sin respuesta es una diferencia de $ 1.000 millones que sigue apareciendo en los gastos operativos de Aerolíneas Argentinas desde 2008, cuando Ricardo Jaime ocupaba al secretaría ahora en control de Schiavi.

«A mí no me dan los números», dijo Bullrich en la reunión, mientras los radicales Juan Carlos Marino y Rubén Lanzetta se retiraban y desde afuera preguntaban: «¿Qué razón hay para ocultar el informe?». Bullrich luego insistió: «No vamos a aprobar el plan de negocios hasta que no den todas las explicaciones». Ese paso de los funcionarios por la bicameral no fue una cortesía: la ley de estatización de Aerolíneas Argentinas establece que debe brindarse al Congreso un informe sobre los planes y la situación de la empresa.

Mariano Recalde dedicó ayer todo el día a intentar explicar el viaje a Montevideo en un vuelo que, según la empresa, fue programado por el pico de demanda que generó el partido y en el que, según se dijo ayer, hasta el presidente de la empresa pagó el pasaje.

Pero a pesar de esos esfuerzos, a la noche había más dudas que certezas. Ni siquiera los dos comunicados que emitió Aerolíneas Argentinas para explicar el viaje tuvieron coincidencia entre sí. Unos de los argumentos de Recalde fue insistir en que el vuelo no fue un capricho de kirchneristas que quisieron ir a ver el partido, sino un negocio para la empresas.

En el afán de demostrarlo, un primer comunicado ayer aclaraba que el viaje había sido programado por la gerencia comercial de la compañía, que no fue un chárter, que se tomó la decisión tres días antes del partido y no por pedido de 41 militantes K. Y resaltó que no dio pérdidas, sino una ganancia de $ 42.178. Un poco más tarde, un segundo comunicado redujo ese rendimiento a $ 10.807.

Ésas fueron las explicaciones de la empresa, pero hay otros puntos que siguen en la incógnita total. Por ejemplo, no se observó que el vuelo se realizó en un día y horario de trabajo para cualquier argentino común, por lo que la presencia de funcionarios en tareas no oficiales también es cuestionada. Tampoco se aclaró, por lo menos con los comprobantes en la mano, que los 41 pasajeros a bordo tenían sus tickets emitidos y pagados en la totalidad. Por la tarde, la empresa dijo: «El 80% de los pasajeros compraron sus pasajes por venta telefónica, siendo varios de ellos parientes de jugadores del seleccionado». Al parecer, la emisión de los pasajes se hizo luego en el Aeroparque.

Tampoco el comandante de la aeronave, el capitán Martín Maldini, que ayer también salió a dar explicaciones, terminó de aclarar por qué el Boeing estuvo parado en el Aeropuerto de Carrasco durante seis horas, en lugar de regresar a Buenos Aires como lo haría cualquier vuelo regular.

El nerviosismo de las explicaciones de Recalde tuvo su punto cúlmine cuando durante la tarde, no en el Congreso, sino en una entrevista radial, se le preguntó si Pablo Moyano, el otro hijo del jefe de la CGT, había estado a bordo: «No vi a ningún sindicalista y a alguno conozco; pero Pablo Moyano, Viviani, ninguno de esos viajó en el avión», dijo. «¿Y Facundo Moyano no estaba a bordo?», se le preguntó. «Sí, Facundo estaba», tuvo que reconocer Recalde.

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