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Bachelet ordena a los militares "toda la severidad posible"
• Hay pueblos que no recibieron asistencia, pero el Gobierno afirma que controla la situación.
• Son 795 los muertos

En tanto, la cifra oficial de muertos a causa del sismo de 8,8 grados Richter se elevó ayer a 795 y la de heridos a 500, de los cuales 100 estaban graves, según informaron en la Oficina Nacional de Emergencia (ONEMI) y el ministro chileno de Salud, Álvaro Erazo. Ante este panorama, el propio Gobierno admitió que la cifra de fallecidos crecerá casi con seguridad.
Un dato dramático está dado por el hecho de que hay cadáveres en pueblos vecinos a la ciudad de Concepción, unos 500 kilómetros al sur de Santiago, que no fueron reclamados por nadie, lo que da la pauta de que podría haber muchos más fallecidos.
Mientras algunos alcaldes y pobladores alertaron que todavía no llegaron ni la asistencia pública ni las fuerzas de seguridad, Bachelet advirtió: «Sabemos que hay acciones delictuales de pequeños grupos que están provocando enormes daños materiales y humanos»; la mandataria chilena fue tajante al señalar que el Gobierno va a cortar de raíz los desmanes y «quienes no entiendan eso, que se atengan a las consecuencias». «Van a recibir todo el rigor de la ley», insistió la presidenta.
Informó además del envío a las regiones del Maule y Bío Bío, las más afectadas con 554 y 92 muertos, respectivamente, de 11.850 soldados, 2.131 marinos, 50 aeronaves para establecer un puente aéreo, dos fragatas y una barcaza.
Bachelet, que recibió críticas del presidente electo, Sebastián Piñera, de alcaldes y otras autoridades locales por no haber enviado a los militares con anterioridad, reconoció también que es necesario «ir mejorando la efectividad de las tareas de control del orden público» en aquellas zonas.
Protección
En ese sentido, el toque de queda impuesto en la provincia de Concepción se mantendría 18 horas continuadas hasta el mediodía de hoy. La decisión obedeció, según las autoridades, a la necesidad de proteger la ayuda alimentaria para los damnificados y su distribución, que será «casa por casa», indicó el general Guillermo Ramírez, jefe de la zona en estado de catástrofe en la región del Bío Bío.
La medida procura también el objetivo de ir reponiendo con tranquilidad los servicios básicos, como electricidad y agua.
Ramírez advirtió que las tropas destacadas en la zona «no se van a inhibir» en el cumplimiento de su misión de resguardar el orden y llamó a la población a respetar las instrucciones oficiales, «para no tener que lamentar algún incidente».
De forma paralela, comenzaron a fluir hacia las áreas afectadas cargamentos de ayuda, debido a que la conexión vial entre Santiago y el sur del país se había restablecido, aunque con desvíos y otras medidas que hacían muy lenta la circulación.
Helicópteros militares con ayuda llegaron al litoral del Maule, donde varias localidades costeras fueron arrasadas por un tsunami que siguió al terremoto. A su vez, tres naves de la Marina con más de mil toneladas de ayuda recorrían las costas de todas las regiones afectadas por el sismo.
«Ya se han desplegado todos los recursos humanos y materiales necesarios para que todo esté bajo control», afirmó Bachelet al respecto. «Hoy (por ayer) deben quedar plenamente instalados todos los dispositivos de emergencia», dijo la presidenta.
Pero la tarea será titánica. Las autoridades estiman que 1.500.000 casas fueron seriamente dañadas por el movimiento telúrico y el tsunami, un tercio de ellas en forma total. La presidenta consideró inaceptable que «los vecinos, además de estar legítimamente preocupados por este cruento embate de la naturaleza, tengan que estar armando autodefensas para cuidar lo poco que les quedó tras el terremoto».
En Concepción y localidades aledañas, piquetes de vecinos, provistos de palos, martillos, trozos de hierro, cuchillos de cocina y escopetas pasaron la noche en vela para cuidar sus casas y pertenencias (ver aparte).
La crisis era especialmente grave en centros hospitalarios. «Hay colegas que han estado tres días haciendo turnos», dijo el director del hospital Las Higueras de Talcahuano, Alfredo Jerez. «Están agotados y necesitan renovar fuerzas», agregó pidiendo el socorro de facultativos de otras zonas.
Agencias EFE, AFP, ANSA, Reuters y DPA


