22 de mayo 2012 - 00:00

Balance positivo para la 21° edición de arteBA

La espléndida esfera roja de fragmentos de acrílico transparente del siempre joven Julio Le Parc cuyo resplandor atrae todas las miradas y cuyo valor ronda los 250.000 dólares.
La espléndida esfera roja de fragmentos de acrílico transparente del siempre joven Julio Le Parc cuyo resplandor atrae todas las miradas y cuyo valor ronda los 250.000 dólares.
Esta noche se cierra la 21 edición de la Feria arteBA y son varios los galeristas conformes con las ventas, aunque difícilmente se difundan los montos. Una pintura de Rómulo Macció de 1961 vendida por 190.000 dólares es uno de los precios declarados. Luego están los dibujos de Lux Lind comprados por 25.000 dólares, y varias obras de los artistas emergentes del Barrio Joven Chandon, que rondan entre los 2000 y los 2.500 dólares, precio alcanzado por el joven pintor rosarino Joaquín Boz.

Entre las primeras ventas figuran las pinturas de Martín Reyna y Matías Duville, la biblioteca de libros encadenados de Sebastián Gordín (réplica fiel de la de la Catedral de Hereford), la insolente chicharra del misionero Andrés Paredes (que no para de cantar) y, en las antípodas de esa estética, la «Galería Dell Pete», una complejísima obra conceptual de Roberto Jacoby que reproduce con ironía los sonidos de una subasta de arte (jadeos placenteros y la voz del rematador). La firma Manifesto compró una fotografía de Jorge Miño de la serie «Demasiado lleno para estar vacio», «Motivo para bandeja», una cerámica esmaltada de Gabriel Baggio y «Límite Sud», una pintura de Juan José Cambre. Con la ayuda del Programa Matching Funds arteBA-Zurich, el Museo de

Bellas Artes de Salta se llevó «Ramona obrera», un grabado de Berni y, el Malba, la instalación «Montaña», de Claudia Fontes.

Además, como un buen ejemplo de la satisfacción que parece deparar la filantropía, la coleccionista Silvia Braier compró una pintura de Alfredo Hlito para incrementar la colección del Malba. Braier dijo con claridad que su interés es compartir la obra con la comunidad del arte. «No me faltan paredes para colgar este cuadro, pero en el Museo de Houston conocí gente que siente que pertenece a la institución. Son como los socios de un club amigable», señaló, y agregó que así lo pasan muy bien.

Hoy, decir que la Feria no es el mejor lugar para vivir una experiencia estética, es caer en un lugar común. Si bien es cierto que difícilmente alguien vaya a padecer en arteBA algo parecido al éxtasis o el «síndrome de Stendhal» (un vahído ante la belleza del arte), la feria de este año es un buen lugar para un paseo didáctico. Los espaciosos pabellones verde y azul y los altos paneles blancos, crean silencios propicios para la contemplación.

El lúcido historiador del arte y curador Marcelo Pacheco, recorrió la Feria y señaló obras como los «Entripados» de Cristina Piffer, las cerámicas superpuestas de Leo Battistelli, el bellísimo mural de azulejos de Gabriel Baggio, las perfectas cajitas luminosas de Kacero y otras obras con «calidad museo», como una serie de fotografías intervenidas por Alfredo Londaibere. Frente a un dibujo de Josefina Robirosa realizado en 1958, destacó «una geometría que ya anunciaba el Pop argentino». En tono crítico, Pacheco mencionó el prejuicio argentino de considerar «obra menor» la realizada sobre papel, y destacó la relevancia de unos dibujos de Manuel Álvarez de los años 50, «cuando internacionalmente se debatía el destino de la abstracción y él siguió trabajando en una línea utópica». «El ojo se educa, adquiere una cultura determinada», agregó Pacheco, y esa frase quedó resonando en la memoria de quienes lo escuchaban.

En el balance de esta Feria queda, sin duda, el saldo positivo del arribo de galeristas extranjeros de primer nivel, como el venezolano Henrique Farías, el español Luis Adelantado, los brasileños Oscar Cruz y Baró, la chilena Isabel Anninat y el incomparable Akio Aoki de la paulista Vermelho, que llegó con las obras de Chiara Banfi y del marplatense Nicolás Robbio, un artista que maneja el espacio de un modo excepcional. La curadora iraní Abaseh Mirvali y los artistas que trajo de todo el mundo para U-TURN, configuraron una excelente muestra de las galerías internacionales.

Pero el stand más concurrido fue el de Del Infinito, la galería puso una espléndida esfera roja de vibrantes fragmentos de acrílico transparente cuyo resplandor, atrae todas las miradas. La obra es de Julio Le Parc, que a sus 84 años continúa empecinado, librando la misma batalla que inició en su juventud: conquistar y movilizar al espectador. La pieza ronda los 250.000 dólares.

Para recorrer la Feria, vale la pena hacer el paseo con la audio guía de Lan y descubrir, de la mano de Florencia Braga Menéndez, que juicios como «me gusta o, no me gusta» pueden cambiar cuando predomina el interés de «leer y ver la obra». Y el recorrido lleva hasta un envolvente mural de colores flúo de Marta Minujín, con un poder de atracción retiniano que compite con el «cinetismo poético» de Le Parc. En el paseo aparece la genialidad de Pablo Suárez en «Malestar en la cumbre», o «Cosmópolis IX» de Carmelo Arden Quin, una obra de marco recortado del movimiento Madí. La audio guía ingresa finalmente en Chez Vautier, el espacio que homenajea a Alejandro Vautier que murió el año pasado, cargado con las obras de Pablo Guiot, Fernando Brizuela y Manuel Amestoy, como a él le hubiera gustado.

Finalmente, la Feria tuvo su perfomance, con un artista atrevido que circuló semidesnudo por los corredores.

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