Barcelona, el mejor equipo del mundo

Edición Impresa

Llegar a dirigir un club como Barcelona no es fácil, incluso para Pep Guardiola, hombre de las entrañas de la institución, más catalán que el pan con tomate, y habiendo ganado como jugador absolutamente todo lo que un futbolista puede aspirar con la camiseta de su equipo. Guardiola llegaba a mediados del año pasado a reemplazar a Frank Rijkaard, que en su paso por el club de cuatro temporadas consiguió cinco títulos, incluyendo la Champions League de 2006 ante el Arsenal inglés. Entonces, ¿por qué se fue el holandés? Cuestiones ajenas a lo futbolístico, que tenían más que ver con internas del vestuario y de lo permisivo que terminaba siendo el entrenador con figuras controvertidas como Ronaldinho o Etoo. En ese escenario el presidente Joan Laporta se dio el gusto de poner al frente del equipo a un niño mimado de la casa, pero que tenía sólo un año de experiencia en el equipo filial de Barcelona (juega en la tercera división), con exigencias muy diferentes a la del Barcelona de la Liga. A Guardiola no le pesó y hasta para imponer disciplina tuvo un mensaje claro.

Pep debutó en la Liga, dirigiendo a Messi, Xavi, Puyol y compañía, ante el Numancia, en el cual cayó por 1 a 0 y a la segunda jornada apenas cosechó un empate de local ante Racing de Santander. Ante las inmediatas dudas generadas entre la prensa y en parte de los socios del club, Laporta se mostró firme, Guardiola se mostró firme y el equipo, aún con mayor firmeza, se puso un objetivo claro: ganar los tres títulos posibles. En orden cronológico la temporada se fue cerrando con la consagración en la Copa del Rey (invicto, le ganó la final 4 a 1 a Athletic de Bilbao), la Liga (dos jornadas antes del epílogo, con nueve puntos de ventaja con el Real) y la Champions League ante Manchester United por 2 a 0. En definitiva, ganó todo, jugó 62 partidos oficiales, de los cuales ganó 42, empató 13 y sólo perdió siete; señaló 156 goles en el arco rival (promedio de 2,51 tantos por encuentro) y recibió sólo 55 en su propia valla.

Para esta temporada, después de no sufrir trauma alguno con el canje de Zlatan Ibrahimovic por Etoo, comenzó con dos vueltas olímpicas más: Supercopa española y cinco días después la Supercopa europea ante los ucranianos de Shakhtar Donetsk. Es decir, nada de resaca de los triunfos ni de relajarse, la actual campaña ya sumó once partidos de los cuales ganó 10 e igualó sólo uno, ante Inter por la Champions: verdaderamente arrollador.

Las individualidades obviamente significan mucho, los nombres de Iniesta, Henry, Dani Alves, están apenas un escalón por debajo de Messi, Ibrahimovic, Xavi o el capitán Puyol, pero en el conjunto se encuentran las verdaderas razones de esta marcha impecable de los blaugrana. Guardiola es un obsesivo, que impone jugar con la pelota al ras del piso, que no modifica jamás, al menos en lo previo, su disposición táctica (4-3-3) y dentro del orden lógico, sólo tiene en su mente el arco rival durante los 90 minutos. Hablábamos antes de la disciplina que rige sobre el plantel, y los jugadores lo saben bien; a fines del año pasado, por la llegada tarde de cinco minutos al entrenamiento, uno de los integrantes del plantel debió abonar 500 euros, no trascendió el nombre, pero no zafó de meter la mano en el bolsillo; para Guardiola son todos iguales.

Dejá tu comentario