22 de septiembre 2009 - 00:00

Basile se quedó, pero está condenado

Basile ve difusa la figura de sus «players», por eso se quiso ir; mientras, Bianchi tomó protagonismo por encima de un Jorge Amor Ameal, que no apareció en ninguna de las negociaciones.
Basile ve difusa la figura de sus «players», por eso se quiso ir; mientras, Bianchi tomó protagonismo por encima de un Jorge Amor Ameal, que no apareció en ninguna de las negociaciones.
Al final se quedó. Después de casi 24 horas de negociaciones en las que participaron todos menos el presidente Jorge Amor Ameal, Alfio Basile revió su decisión de renunciar y seguirá en Boca.

Uno se pregunta, ¿hasta cuándo? y con qué respaldo anímico seguirá un Basile, que sabe lo difícil que es remontar esta situación en medio de la crisis, porque el sábado le toca Estudiantes y después Vélez, los dos peores rivales cuando está mal anímicamente. Lo cierto es que Basile llegó como «el salvador» en una crisis que empezó justamente ante Godoy Cruz, un 28 de setiembre de 2008 cuando los mendocinos le ganaron 4 a 1 y empezó el absurdo conflicto entre Caranta y el técnico Carlos Ischia y que volvió a hacer eclosión otra vez ante los mendocinos en la Bombonera.

En el medio pasó el fallecimiento repentino del presidente Pedro Pompilio y la asunción de Jorge Amor Ameal, que como «piloto de tormentas» eligió a Carlos Bianchi y lo nombró mánager. Un cargo que le cuesta ejercer al Virrey, añorado por los hinchas como técnico, y para el cual no tiene condiciones naturales.

Como es sabido, lo de Caranta se hizo una bola de nieve que terminó en un juicio, cuando se solucionaba con una charla íntima de vestuario, y a partir de allí, también saltaron los problemas económicos que nunca había tenido Boca.

La negativa de Rodrigo Palacio a irse a Italia, donde terminó yendo un año después por menos de un tercio del dinero ofrecido antes, y la crisis internacional, que hizo pensar a los clubes europeos antes de invertir en un jugador, profundizaron la crisis.

Boca empezó a vender las promesas, como Facundo Roncaglia o Forlín, para poder mantener un plantel envejecido, al que se le agregó la vuelta de Roberto Abbondanzieri, como gran contratación.

Ischia se fue echado por los malos resultados, y Basile cuando llegó pidió jugadores importantes y sólo le trajeron al chileno Medel, más la vuelta de Insúa (que venía de irse al descenso en México) y de Guillermo Marino. Después vino Rosada (descartado por Boca una década atrás) y el juvenil Gunino. Pidió a Schiavi y, en su lugar, llegó el ignoto colombiano Breyner Bonilla.

Esto sumado a un conventillo de vestuario con Riquelme y Palermo como cabezas de dos grupos, que parecen dos pandillas callejeras, y Basile, con 66 años, no está para mediar entre tantas dificultades. Por eso el fracaso estaba cantado, porque para que Boca vuelva a ser grande tiene que cambiar todas las estructuras.

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