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“Bella”: intenciones buenas, mucha azúcar
Los desamparados de «Bella», en una playa junto al mar: el público latino estadounidense valoró esta producción sentimental.
El tipo es un pobre Cristo. Ella, en cambio, es solo una chica malhumorada, mal educada e irresponsable. En fin, cada uno elige su cruz, y en este caso él decide abandonar su puesto de chef en el restaurante de su hermano, justo cuando se viene la hora pico, y dedicarle todo un día a la muchacha, que anda con ganas de abortar. Aclaremos: este asunto se toca sólo lateralmente, sin discursos. La chica no necesita reproches, sino evidencias de una mejor visión de la vida, que acaso pueda encontrar en la casa paterna del joven, una casa donde todo rebalsa de cariño, atenciones, olores apetitosos y sabores diversos, un viejo y paciente matrimonio mex-boricua, y unos hermanos siempre comprensivos.
La verdad sea dicha, y como ya sospechará el lector, esta cinta es harto empalagosa y demagógica. Pero quizá por ello mismo su público natural quiso consagrarla como promotora de los valores latinos, incluyendo los valores espirituales, en la ajetreada Norteamérica. Resultan significativos, en ese sentido, el premio Legacy del Smithsonian Latino Center y el American by Choice otorgado en la Casa Blanca «por su contribución a la difusión del arte y la cultura latina en los EEUU».
Responsables, los tamaulipecos (de Tamaulipas) Alejandro Gómez Monteverde, director, coguionista, coproductor, y Eduardo Verástegui, modelo, cantante, actor de telenovelas, coproductor, y sus socios de Metanoia Films, un sello dedicado al público religioso. Unico irresponsable e irredimible (y máximo bochorno en este desfile de estereotipos), el personaje de un manager argentino de fútbol, que cuando ocurre el antedicho homicidio culposo expresa una única recomendación: «¡Rajemos!». Lo interpreta un puertorriqueño.
P.S.

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