Bergoglio desata carnaval de críticas con una carta

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Ya sin la presión de presidir la Conferencia Episcopal Argentina, y con el Vaticano a cargo de jubilarlo, Jorge Mario Bergoglio se despachó ayer con una batería de tácitas críticas al Gobierno nacional. Fue después que el arzobispo José María Arancedo, quien lo sucedió al frente de la jefatura eclesiástica, logró cerrar una tregua con la Casa Rosada a fines del año pasado cuando visitó a Cristina de Kirchner por las fiestas navideñas.

Ayer, a través de la carta cuaresmal, el arzobispo porteño advirtió sobre «la destrucción del trabajo digno y la falta de futuro» que se observa en la «sociedad contemporánea», donde «la miseria material y moral son moneda corriente». Se despegó así el jesuita de Arancedo, quien en su visita a la jefa de Estado había agradecido el lento tratamiento de la reforma a los códigos Civil y Comercial, así como la inclusión de los obispos en las audiencias públicas en el interior del país. Esa reforma legislativa, que incluye disposiciones como el alquiler de vientres, contratos prenupciales y divorcio exprés, preocupa a los prelados.

Bergoglio también alertó sobre el hecho de que la sociedad -según indicó- se está acostumbrando a convivir «con la violencia que mata, que destruye familias, aviva guerras y conflictos. Los egoísmos más personales justificados, la falta de valores éticos dentro de una sociedad que hace metástasis en las familias, en la convivencia de los barrios, pueblos y ciudades nos hablan de nuestra limitación, de nuestra debilidad y de nuestra incapacidad para poder transformar esta lista innumerable de realidades destructoras», señaló Bergoglio.

En su carta para la Cuaresma, tiempo litúrgico de 40 días anterior a la Pascua que los cristianos comenzarán a transitar el miércoles con la ceremonia de imposición de las cenizas, el cardenal dijo: «Somos invitados a reconocer que algo no va bien en nosotros mismos, en la sociedad o en la Iglesia, a cambiar, a dar un viraje, a convertirnos». «Poco a poco nos acostumbramos a oír y a ver, a través de los medios de comunicación, la crónica negra de la sociedad contemporánea, presentada casi con un perverso regocijo, y también nos acostumbramos y convivimos con la violencia que mata, que destruye familias, aviva guerras y conflictos», aseguró.

Panorama

Además, el arzobispo de Buenos Aires advirtió que «la destrucción del trabajo digno, las emigraciones dolorosas y la falta de futuro se unen también a esta sinfonía».

«Nuestros errores y pecados como Iglesia tampoco quedan fuera de este gran panorama», agregó.

También expresó: «El sufrimiento de inocentes y pacíficos no deja de abofetearnos; el desprecio a los derechos de las personas y de los pueblos más frágiles no nos son tan lejanos; el imperio del dinero con sus demoníacos efectos como la droga, la corrupción, la trata de personas, incluso de niños, junto con la miseria material y moral son moneda corriente».

«Nuevamente somos invitados a emprender un camino pascual hacia la vida, camino que incluye la cruz y la renuncia, que será incómodo, pero no estéril», añadió.

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