7 de febrero 2014 - 00:00

Berlín, con sabor austrohúngaro

Berlín - "El gran hotel Budapest", comedia en homenaje a la vieja Europa, abrió anoche la Berlinale. La pasión del director texano Wes Anderson por el escritor vienés Stefan Zweig y por las comedias del cine de los años 30 lo llevaron a imaginar su película, una fábula con crímenes, obras de arte robadas y persecuciones. La historia está contada desde el punto de vista del portero de ese famoso gran hotel, Gustave, interpretado por Ralph Fiennes, y por su cómplice, un joven empleado, Zero Mustafá, encarnado por Tony Revolori, de familia guatemalteca. Gustave aprovecha su posición para mantener una relación con una anciana muy rica, huésped del hotel, Madame D., encarnada por Tilda Swinton, quien necesitó cada día, durante el rodaje, de cinco horas para ser "envejecida" por el mismo maquillador que convirtió a Meryl Streep en Margaret Thatcher, el conocido Marese Langan. Gustave y Zero Mustafá se apoderan de una pintura del Renacimiento que pertenecía a Madame D. y deben huir del hotel al ser buscados por la policía. Anderson sitúa su historia en un país imaginario de Europa del este, entre las dos guerras mundiales. El gran hotel será ocupado al final por los miembros de un ejército fascista, uno de cuyos comandantes es Dimitri, el hijo de la anciana, interpretado por Adrian Brody.

Anderson usó el formato cuadrado de las viejas comedias y dijo que leyó mucho a Stefan Zweig y vio todas las películas de Ernst Lubistch y Billy Wilder. "No adapté una obra en particular de Stefan Zweig, un escritor que me gusta mucho, pero quería crear un ambiente, una versión cinematográfica de lo que él cuenta en sus memorias, en sus libros, ese mundo europeo entre las dos guerras. Y en Gorlitz teníamos una pequeña mediateca con todas las películas de Lubistch, de Wilder. También vimos 'El silencio' de Ingmar Bergman", declaró. "Zweig dice que cuando la gente común y corriente se encuentra con un escritor tiene tendencia a contarle historias. Yo estaba escribiendo el guión y pensaba en un actor como Ralph Fiennes, estaba convencido que solo él podría darle a Gustave ese toque teatral del personaje que recita poemas", añadió.

Explicó también que el cine digital le permitió recrear el formato cuadrado de las viejas comedias. También dijo que en la época en que estaba escribiendo el guión leía el libro "Eichmann en Jerusalén", de Hannah Arendt. "Tenía poco que ver con mi historia, pero contiene un análisis fascinante de cómo cada país de Europa respondió a los nazis y como todo al final quedó descompuesto".

La Berlinale anunció también tres homenajes póstumos: al estadounidense Philip Seymour Hoffman, a su colega austríaco Maxiliam Schell y el director húngaro Miklos Jancsó, los tres fallecidos en los últimos días. El festival proyectará en una gala especial "Capote", estrenado en la sección oficial de la Berlinale en 2006 y uno de los papeles más recordados de Hoffman. En una gala especial el próximo 9 se verá "Mi hermana María", en memoria de Schell. Sobre el director húngaro Jancsó, fallecido el pasado 31 de enero con 92 años, la Berlinale sólo hizo un recordatorio por escrito.

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