15 de febrero 2013 - 00:22

Berlín entre una resurrección y un homenaje

River Phoenix, muerto de sobredosis en 1993, sobrevoló ayer la Berlinale con la presentación de «Dark Blood», el film que dejó inconcluso, reconstruido. Antes, Claude Lanzmann recibió el Oso de Oro honorífico por su trascendente film «Shoah».
River Phoenix, muerto de sobredosis en 1993, sobrevoló ayer la Berlinale con la presentación de «Dark Blood», el film que dejó inconcluso, reconstruido. Antes, Claude Lanzmann recibió el Oso de Oro honorífico por su trascendente film «Shoah».
Berlín - River Phoenix resucitó ayer en la Berlinale con la presentación de «Dark Blood», la película que la joven promesa de Hollywood se encontraba rodando cuando murió por sobredosis el 31 de octubre de 1993. Poco antes, el cineastal francés Claude Lanzmann era distinguido con el Oso de Oro honorífico por su colosal documental sobre el Holocausto «Shoah».

Berlín fue uno de los primeros escenarios donde se vio «Shoah» (1985), un hito tanto histórico como cinematográfico, que le llevó más de una década, en la que entrevistó a víctimas, testigos y verdugos del exterminio judío perpetrado por los nazis.

«Una de las cosas que me empujaron a obstinarme, a empecinarme -recordó Lanzmann-, era que pensaba que Shoah sería un film liberador para los alemanes. No hay que olvidar que ellos se quedaron mudos durante muchísimos años. La inmensidad del crimen los amordazó. No podían ni siquiera hablar de sus propios sufrimientos», dijo.

En cuanto a «Dark Blood», tuvieron que pasar casi dos décadas hasta que el cineasta holandés George Sluizer («El rapto») se propusiera -y lograra- recomponer el material, aunque no tiene asegurado su estreno comercial por razones legales. Sluizer, que mostró la película en la sección oficial pero fuera de concurso, admitió tras el pase para la prensa que no tiene claro si llegará a estrenarse por un contencioso con la aseguradora bajo cuya custodia quedó el material. «No hemos llegado a un acuerdo. Tal vez lo consigamos mañana, tal vez no lo consigamos. No lo sé», explicó el cineasta sobre el film interrumpido diez días antes de la muerte del actor.

La productora decidió archivar todo el metraje cuando el hermano mayor de Joaquin Phoenix perdió el conocimiento a las puertas de The Viper Room -un club que por aquel entonces pertenecía a Johnny Depp-, y nunca despertó.

Sluizer no volvió a acceder a los rollos hasta que en 1999 escuchó que la compañía de seguros pensaba quemarlos. «Tuve que reaccionar rápido», contó el octogenario cineasta, pero consiguió rescatarlos. El punto de inflexión llegó en 2007, cuando le diagnosticaron un aneurisma. «Entonces me dije que antes de morir me gustaría juntar Dark Blood lo mejor que pudiera», declaró. Se puso a ello en 2009 y consiguió terminar la película el otoño pasado (boreal), cuando fue estrenada en Utrecht, en el marco del Festival de Cine de Holanda. El resultado es difícil de juzgar. Sluizer alerta ya desde el comienzo de «Dark Blood» que se trata de una película inacabada, con numerosos problemas técnicos que suple con una narración parcial en off. Y la compara con una mesa de tres patas. «Le falta la cuarta», dice, «pero al menos la mesa se mantiene en pie». Con todo, volver a ver a River Phoenix resulta hipnótico.

El joven Indy de «Indiana Jones y la última cruzada» encarna en este file póstumo a un ermitaño que vive en el desierto a la espera del fin del mundo. De pronto, un día se topa con una pareja de turistas (Jonathan Pryce y Judy Davis) cuyo Bentley les ha dejado tirados en medio de la nada, y decide rescatarlos con el único objetivo de quedarse con la mujer.

Por último, la sorpresa de la jornada fue la película kazaja «Harmony Lessons», ópera prima de Emir Baigazin. En un país que en lo cinematográfico apenas se conoce gracias a «Borat», esta sutil historia de acoso escolar cargada de simbolismo podría colarse a última hora en el palmarés. Baigazin retrata con una delicada geometría y metáforas prestadas del mundo animal el aislamiento del joven de 13 años Aslan, marginado por sus compañeros en un colegio donde una banda de acosadores tiene al alumnado aterrorizado. Y, con ello, realiza una dura crítica a la corrupción y la brutalidad en el seno de las instituciones públicas.

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