Bernanke, preso de sus palabras y de la política

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Para decirlo claro: es una vergüenza que el presidente de la Reserva Federal afirme que las tasas seguirán estando bajas por un extenso período. Una vergüenza y también algo así como un suicidio, porque nada les gusta más a los especuladores que la promesa de un futuro certero durante el cual seguirán disfrutando de la posibilidad de financiarse a un costo negativo. Si algo no debe hacer nunca un regulador es atarse las manos con promesas que tal vez no pueda cumplir y que terminaran siendo pagadas por ésta y las próximas generaciones de consumidores norteamericanos.

En lo personal, las palabras de Bernanke nos producen cierta satisfacción intelectual, porque no hacen más que confirmar lo que venimos sosteniendo, y es que -afilando un poco el lápiz- los datos sobre el empleo que se difundieron el viernes estaban lejos de reflejar que lo peor de la crisis ya pasó y que la economía ya entró en una senda virtuosa. Quienes seguramente no están contentos son los que llevaron a que el Dow se moviera ganando más del 0,5% durante la mayor parte de la jornada, sólo para ver cómo se derrumbaba luego de que el dólar se desplomara. El billete, que había arrancado trepando al máximo de los últimos 30 días (lo que hacía más meritorio el 0,52% que llegó a ganar el Dow), se derrumbó un 0,6% con los dichos de Bernanke, reduciendo lo perdido hacia el cierre al 0,2%. La incertidumbre/desazón generada tuvo su reflejo más que en los precios (el 0,01% que ganó el Dow cerrando en 10.390,11 puntos podría sugerir cierta paridad), en un evidente paso al costado de los inversores, que apenas alcanzaron a negociar 1.000 millones de papeles en el NYSE. La pregunta es por qué Bernanke, conociendo el mercado como lo conoce, se jugó a decir lo que dijo. Esto posiblemente encuentre su respuesta en las presiones políticas que está recibiendo, cuando cada día tiene menos apoyo para su reelección.

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