Ben Bernanke siempre se promocionó como un republicano con una visión no tradicional sobre el dinero. Esta visión no es otra cosa que la keynesiana, algo que dejó bien claro en una entrevista poco antes de asumir del 2005 al reconocer que para él el estímulo de la reducción de impuestos era de corto plazo, que un dólar débil era beneficioso para los EE.UU. y que la causa de la inflación era el crecimiento económico y no la emisión (los republicanos que lo nombraron no leyeron aquella nota). Ayer dejamos claro el fracaso de la gestión de Bernanke con el empleo. Lo interesante es que lo que él afirma es su mayor éxito, la caída de la inflación, visto desde su óptica keynesiana fue también un fracaso. Las medidas de estímulo que se tomaron desde 2008 (además de los planes quantitativos, la baja de la tasa de Fed Funds del 4,47% al 0,06% -la tasa de 10 años cayó del 4,57% al 2,61%- y la política de devastado del dólar que se devaluó 6,1% ante las principales monedas -sustrayendo el yen la depreciación es de más del 12%-) que deberían de haber alimentado la demanda reflejándose en un incremento de los precios, no funcionaron. El precio de las viviendas, (índice Case Shiller) está hoy un 30% debajo de los valores finales de 2005, los commodities han caído más del 27% y mientras la tasa de ahorro de los particulares no ha cambiado (sigue en el 3,8-3,9%) las acciones (que con el 0,19% que cedió ayer el Dow al cerrar en 15.963,94 puntos) el Dow trepa más del 40% desde que asumió Bernanke dando idea que la inversión no ha menguado. Lo interesante es que lo que más subió durante su gestión fue el oro, un 222% (el petróleo trepó el 42%), un indicador que siempre se negó a reconocer.
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