En un país en el que se cuestionan todos los indicadores y donde conviven una inflación oficial y otra privada, no sorprende que no se pueda confiar ni siquiera en la temperatura. Ayer el Servicio Meteorológico fue protagonista de un verdadero blooper. Luego de difundir que la sensación térmica en Buenos Aires había superado los 43 °C, emitió un comunicado en el que aclaró que el valor real alcanzado había sido de 36,2 grados. La causa de este abrupto cambio climático fue «un error instrumental».
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