REZO. Los palestinos oraron en el exterior de la Explanada de las Mezquitas para protestar contra los detectores de metales.
Jerusalén - Los musulmanes mantuvieron ayer su desafío a las autoridades de Israel y se negaron a entrar a la Explanada de las Mezquitas como protesta por las medidas de seguridad impuestas tras el ataque del viernes, que incluyen atravesar un detector de metales.
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Los fieles palestinos oraron ayer de nuevo en el exterior de la ciudad amurallada, respondiendo así a la demanda de Mohamed Husein, el gran muftí de Jerusalén (jurista musulmán cuyas decisiones pueden tener valor de ley) y otras autoridades islámicas de negarse a acatar las órdenes de seguridad y cruzar los detectores.
El objetivo era mostrar su oposición a lo que consideran "las fuerzas ocupantes" al tratarse de la zona este de la ciudad, ocupada por Israel en 1967 y anexionada posteriormente, movimiento nunca fue reconocida por la comunidad internacional.
El domingo terminaron las 48 horas de clausura de la explanada, una medida sin precedentes que el primer ministro, Benjamín Netanyahu, decretó después de que dos policías, árabes israelíes drusos, murieran en un ataque perpetrado por tres árabes israelíes que habían salido armados del recinto y que después murieron por disparos de las fuerzas de seguridad en el patio del sagrado lugar.
Sin embargo, la tensión no aminoró. "Vemos los arcos electrónicos como una manera de controlar la mezquita, aunque ya tenían cierto control sobre ella. Si aceptamos las puertas electrónicas, estaremos aceptando su soberanía y la pérdida de espacio", manifestó Amani Jalifa, originaria de la ciudad cisjordana de Belén, a la espera del rezo del magreb (al atardecer).
Las muestras de rechazo se repitieron durante el día y grupos de palestinos se mantenían de pie frente a los puestos de control israelíes en los accesos de la Ciudad Vieja, al grito intermitente de "Alahu Akbar" (Dios es más grande).
La Policía dispersó a decenas de fieles durante el rezo de mediodía que había bloqueado el camino hacia la Puerta de los Leones, colindante a la explanada, y el portavoz policial Micky Rosenfeld anunció que "las medidas de seguridad continuarán".
El recinto sagrado es uno de los puntos políticos y religiosos más sensibles en el conflicto palestino israelí. Denominado por los musulmanes Noble Santuario, alberga la Mezquita de Al Aqsa y la Cúpula de la Roca y es el tercer lugar más santo en el islam (tras la Meca y Medina), mientras que para el judaísmo es el primer lugar más sagrado, denominado Monte del Templo y alberga a sus pies el principal lugar de culto judío, el Muro de los Lamentos.
El Gobierno israelí insiste en apoyar las nuevas medidas, que han supuesto el incremento de las cámaras de seguridad y el establecimiento de puestos militares aleatorios en las calles colindantes a la Ciudad Vieja, donde cambian constantemente el perímetro de seguridad y las restricciones de tránsito. "Esta es mi casa y quieren revisarnos todo antes de entrar. ¿Qué quieren? ¿Que nos quitemos el pantalón? ¿La camisa? ¿Que más?", reclama indignado Atif Muhamad, originario del barrio de Silwan, en el este ocupado de Jerusalén.
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