4 de enero 2012 - 00:00

Bolsa de 2011: dura golpiza, recibida en segundo semestre

Cuando el saldo final del deterioro se observa en un 30% para los doce meses, convirtiendo el Merval en el índice más perjudicado del mundo, la sensación inicial es que se trató de un ejercicio a pura metralla bajista, imagen que cambia al encolumnar cifras mes por mes y reparar en los porcentuales que fueron dejando.

Claramente surge allí que se compaginó un segundo semestre terrible, como cuesta hallar en la estadística -a menos que fuera el quiebre de un boom- y originándose el derrumbe crucial: a través de los períodos que fueron de julio a diciembre.

La primera mitad había contenido a un enero positivo con casi el 2% de utilidad. Cerrando el Merval en 3.593 unidades (con el M.ar subiendo cerca del 4%, al igual que el índice Bolsa). Llegando a final de junio, tal cierre Merval se colocó en 3.360 y con cierto rebaje, pero manteniéndose en la franja arriba de los 3.200 puntos. Un semestre tendiendo al negativo, pero luchado, lejos de poder imaginarse lo que explotaría luego.

Desde julio hasta el final, cinco fueron signos en negativo. Con los dos extremos más tolerables (el 1,15% de julio y el 3,9% en diciembre) y el fuerte «rebote» de octubre que generó casi el 18% de beneficios.

En sólo tres períodos -agosto, septiembre, noviembre- se originó el enorme orificio de Buenos Aires. Casi el 11% de caída en el primero rozando el 17% en el segundo, cercano a un 12% el tercer mes fatal.

Jugando con los números, sin otro valor que ése, promediamos las distintas columnas. Y así, un Merval final en 2.462 puntos tuvo una media en los 3.094. Las bajas tan focalizadas dieron como si cada mes se hubiera retrocedido un 2,6 por ciento permanente. Y el volumen promedio mensual en los $ 1.089 millones, dando -por rueda- nivel de $ 53,5 millones.

La precipitación al abismo de economías europeas jugaron su rol decisivo, estando aquí expuestos a que se vendieran posiciones y -en muchos casos- que los «glóbulos» emanados de las acciones fueran a acaparar dólares. Sólo tres meses de grandes bajas constituyeron el núcleo de la caída total 2011.

Turbulencias locales, aunadas a un mundo sin salida, resultaron un veneno tan veloz como devastador. La Bolsa pisó una «yarará»...

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