Bonadio, forzado ahora a seguir la pista de los “operadores judiciales”

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• DECISIÓN DE CAMARISTA IRURZUN POR DENUNCIA DE OYARBIDE SOBRE "APRIETES"
Pone en la mira al auditor Javier Fernández y al espía “Jaime” Stiuso, que fueron mencionados por el exjuez como quienes apuraron el cierre de la causa por enriquecimiento K. Dos magistrados excusados en caso “caliente”.

Uno de los vectores derivados de la causa de los cuadernos, cuya trayectoria es todavía imposible de mensurar, es la faceta que expondría a los operadores judiciales que mantenían influencia en tribunales durante el kirchnerismo. Su esbozo había sido insinuado en los escritos del exchofer Oscar Centeno, pero quien los transformó en una causa judicial paralela fue el multisospechado exjuez Norberto Oyarbide, cuya desesperada defensa de su aparición como supuesto receptor de dinero a cambio de favores judiciales consistió en denunciar "aprietes" de sectores de inteligencia para eximir de responsabilidad al matrimonio Kirchner en una causa por enriquecimiento ilícito. Esa investigación también quedó ahora en manos de Claudio Bonadio, luego de un intenso juego de "huevo podrido", en el que tres magistrados hicieron lo posible por esquivar el caso que podría significar una brasa candente para el propio Poder Judicial y para la lógica subterránea de Comodoro Py. Quien definió la cuestión fue el presidente de la Cámara Federal Martín Irurzun que dispuso que sea el juez que instruye la causa por asociación ilícita quien se encargue también de investigar, en paralelo, si existió una red de influyentes que presionaban a magistrados para lograr fallos acorde a los deseos de la Casa Rosada. Será el capítulo más difícil y tortuoso para la Justicia, renuente a investigarse a sí misma.

Indagado en la trama de los cuadernos, Oyarbide disparó: "Me apretaban del cogote para que sacara la causa de los Kirchner". Ante su excolega Bonadio, mencionó los nombres del auditor general de la Nación, Javier Fernández, y del eterno espía Antonio Horacio Stiuso como los interlocutores que presionaban para "obtener celeridad" en el fallo que terminó con el sobreseimiento de Néstor y Cristina de Kirchner de manera veloz, en 2009. Sin querer (o queriendo) incluyó por primera vez en un expediente judicial los nombres de quienes mantenían con base en la exSIDE aceitados contactos en los tribunales de Retiro. Por consejo del fiscal Carlos Stornelli, el renunciado juez pasó de admitir su status de "presionable" a denunciar penalmente a Fernández y a Stiuso por hechos que debió alertar cuando estaba en funciones. En un mismo movimiento dejó servido el escenario para una reapertura del caso por la fortuna de los Kirchner por "cosa juzgada írrita"; habilitó la chance de que toda su actuación como juez sea cuestionada bajo los mismos parámetros; y adicionalmente expuso lazos de poder dentro de una estructura que mantiene puntos de contacto también en la gestión Cambiemos.

La denuncia recayó por sorteo en el juez Luis Rodríguez, quien se inhibió por una pública relación de cercanía con el auditor Fernández. Un nuevo sorteo hizo que la "bolilla caliente" fuera recibida por Bonadio, que se excusó por estar investigando a Fernández y a Oyarbide en el marco de la causa de los cuadernos. En tercer término, fue Sebastián Casanello el que recibió el hierro candente y adujo que Bonadio no debería haberse apartado. El conflicto de competencia pasó entonces a manos de la Cámara Federal -que con el voto unipersonal de Irurzun- se la devolvió a Bonadio. El camarista apunto que "no se observa de qué modo" la intervención del juez en el expediente de los cuadernos, "puede conllevar una eventual actuación alejada de la equidistancia" de la denuncia de Oyarbide. Pese a que el exjuez sería miembro o partícipe de la asociación ilícita, en este caso habría sido una víctima. El caso volverá a tocar una fibra sensible: el exjuez había sido imputado por mentir sobre su relación con Daniel "Tano" Angelici, sindicado como uno de los operadores judiciales del macrismo y también apuntado por Elisa Carrió como quien apuntaló la renuncia del magistrado, ante la encerrona de las denuncias por mal desempeño en su contra. El presidente de Boca Juniors se libró en aquel momento de una causa que lo investigaba por tráfico de influencias. Las ramificaciones en una eventual investigación penal sobre operadores judiciales del kirchnerismo tendría aristas inimaginables.

Por si fuera poco, en el escrito de su defensa en cuadernos, Fernández deslizó que quien podría haber "pergeñado" el estallido del escándalo podría ser su examigo Stiuso e insinuó que Bonadio le estaba ofreciendo protección. Hizo una singular enumeración del trágico final que tuvieron otros "amigos" del espía y apuntó que su objetivo sería desplazarlo del escenario involucrándolo en los sobornos, ya que si fuese procesado debería abandonar la Auditoría.

Este caso también podría servir para cobrar viejas facturas: en 2010, el fallecido fiscal Alberto Nisman y Stiuso (como víctima) denunciaron a Bonadio por un "complot" que tenía por objetivo correrlo de la UFI AMIA en sintonía con los intereses de Carlos Corach y de Jorge "Fino" Palacios, exjefe de la Policía Metropolitana. Esa causa quedó archivada en marzo de este año, pero cuenta la leyenda que el episodio fue interpretado por Bonadio como una "señal" de que el kirchnerismo iba por su cabeza y que lo decidió a emprender una guerra con Cristina de Kirchner que se mantiene vigente.

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