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Bonos catástrofe: antídoto para tragedias naturales
Instrumento que crece frente a terremotos, inundaciones o huracanes
Jim Yong Kim
La gran liquidez que se observa en los mercados de capitales a nivel global y la multiplicación de episodios naturales que generan verdadera devastación a nivel social se conjugaron para darle vida a este novedoso instrumento. Varios países de América Latina, como México, Chile y Jamaica, ya los han utilizado, lo que les permite enfrentar mejor tragedias generadas por eventos tales como huracanes, terremotos y también inundaciones. La Argentina, hasta el momento, nunca exploró esta posibilidad.
El crecimiento en la emisión de este tipo de bonos llevó incluso a organismos multilaterales como el Banco Mundial -que preside Jim Yong Kim- a involucrarse. La institución lanzó en 2009 el programa Multicat, una plataforma cuyo objetivo es "asegurar a los países contra las catástrofes naturales". Este seguro, diseñado como bonos securitizados, tiene como objetivo que los millonarios costos de reconstrucción que deben afrontar los países o empresas cuando se produce un desastre natural corra por cuenta de inversores y no por las propias arcas públicas, que tienen sus recursos comprometidos con otros objetivos.
El que primero emitió un bono catástrofe bajo este programa del Banco Mundial fue México, con la emisión de un título por u$s 290 millones. Ese instrumento, aún vigente, procura asegurar al país contra múltiples eventos naturales, especialmente huracanes y terremotos.
El grado de desarrollo de estos "cat bonds" es tal que muchos de ellos ya están diseñados para que los inversores paguen de acuerdo con el grado que llega un terremoto en la escala Richter. A medida que crece el movimiento de la tierra, aumenta también lo que el país asegurado terminará cobrando.
Kenneth Lay, vicepresidente y tesorero del Banco Mundial, señaló al lanzarse la plataforma que "este mecanismo se traducirá en un acceso mucho más amplio a una cobertura en condiciones notablemente más ventajosas para los gobiernos y los organismos públicos que lo utilicen para la gestión del riesgo de desastres, y disminuirá el impacto financiero y económico de las catástrofes naturales".
¿Cómo funciona el instrumento? Básicamente, el emisor (puede ser un país o una empresa) lanza un bono por el que pagará un cupón anual. Sin embargo, no recibe nada a cambio. Sólo en el caso de que se "gatille" el fenómeno natural, por ejemplo, un huracán, los inversores tendrán que desembolsar la suma comprometida.
Se trata, claro, de un producto que no está diseñado para pequeños ahorristas. En realidad, participan grandes inversores mayoristas, que por lo general no tienen capacidad para hacer frente a posibles calamidades naturales, con lo que luego se dan vuelta y lo venden a especialistas, es decir, compañías de seguros y reaseguros. General Re, Allianz y Axxa, entre otros.
Steve Evans, director de Artemis, una compañía con base en Inglaterra especializada en la colocación de bonos catástrofe, señaló a este diario: "Cuando escuché sobre lo sucedido en La Plata, inmediatamente pensé que algún día un bono catástrofe sería útil para asistir en la reconstrucción".
Sin embargo, advirtió que para casos de inundación "este tipo de estructuras no es tan común. La dificultad para definir parámetros relativos al riesgo de una inundación lleva a que resulte difícil su armado, aunque no imposible".
Disney es otro caso interesante de cómo las empresas se pueden cubrir ante eventos naturales. Orlando, donde se encuentran los principales parques temáticos, podría sufrir los efectos de huracanes o grandes tormentas que los obligue a mantenerlos cerrados por algún tiempo. En el caso del parque de Anaheim, en Los Angeles, la amenaza sería un terremoto. Por lo tanto, la compañía procura no sufrir pérdidas por las jornadas en las que los parques deben permanecer cerrados por causa de catástrofes naturales. Cada día sin venta de tickets representa una disminución millonaria de ingresos, que seguramente impactará negativamente en la cotización. La contratación de un seguro de estas características implica un costo financiero (entre el 6% y el 7% anual), pero elimina el peor escenario.
La emisión de bonos catástrofe mueve montos cada vez mayores. Según la aseguradora Aon Benfield, al 30 de junio la cifra había trepado a u$s 6.430 millones para los últimos doce meses. Representó una suba del 46,7% respecto del año anterior y sólo fue superada por los u$s 8.150 millones que se colocaron en 2007, antes del estallido de la crisis financiera internacional.


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