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Bordelois: “No se puede buscar la felicidad”
La notable autora argentina publicó un libro ejemplar, que a la vez de memorias es tambiénun diagnóstico de estos tiempos de derrumbe.
Bordelois. “El feminismo de hoy es más instintivo, el de antes era de teóricas y de poetas”.
I.B.: Irrumpí en la oficina: ¿en qué se distingue un órgano de una máquina? Me dicen: en nada. Me di cuenta de por dónde van. Niegan la naturaleza. Lo único que importan son los mecanismos. Hacen mecanos todo el tiempo y les salen muy bien, achican el mundo, pero desconocen que hay un mecano más profundo y que no es un mecano, es otra cosa; una energía universal que está en la naturaleza. Eso no lo conocen. Estamos en una civilización hiperracionalista y hipermecanicista, todos son chiches. Cuando me peleé con John Kimball, mi profesor de doctorado en el MIT, le dije: "vos estás enseñando lenguajes artificiales y a mí me interesan los naturales". Pero tenía que superar esa etapa. Después Kimball me ayudó mediante un milagro secreto, una instancia misteriosa en un territorio saturado de racionalidad. Eso está en "Magias".
P.: ¿Cómo aparece "Noticias de lo indecible", un libro que tiene algo de diario, memorias, retratos y ciencia, elegías y herejías?
I.B.: Cuando cumplí los 75 empecé a mirarme a mí misma. Había estado 30 años afuera. En 1994 empecé a vivir acá, y decidí hacer lo que había querido ser en mi vida, escritora. Uno empieza mirando el mapa de su vida. Una infancia maravillosa, un itinerario por Francia y Estados Unidos en los 70, Holanda. Comparé realidades muy interesantes en momentos muy interesantes. En la Sorbona escuche a Sartre, a Aron, a todos. Tuve mucha suerte: la busqué o la merecí, y me la ofrecieron. Tengo una deuda con eso. Cuando era profesora en Holanda, en vacaciones me iba a Grecia o Túnez con libros de memorias de mujeres. De Simone de Beauvoir, Anaïs Nin, Lillian Hellman, Virginia Woolf. Me peleaba mucho con ellas. Nin demasiado narcisista, Beauvoir demasiado energética, Woolf demasiado loca. Me dieron cosas. Pude comprenderme a través de cómo ellas se paraban frente a la adversidad, la oposición, los hombres, el trabajo, la escritura. Eso me ayudó mucho en la soledad calvinista de Holanda. Y me surgió dar mis experiencias a las mujeres que vienen detrás de mí. Así como aquéllas me ayudaron a mí, ayudarlas a ellas. Octavio Paz decía que la revolución más importante del siglo XX era la de las mujeres. Yo vi cómo eso iba creciendo en Boston, cuna de la segunda ola feminista. No olvido el arrojo, la lucidez de las que encabezaron ese movimiento. Lo de hoy es algo más instintivo, lo de aquellos tiempos era de teóricas y de poetas.
P.: Su libro concluye: "la vida nos rebalsa, nos supera, se ríe de nosotros cuando quisiéramos apresarla en lo más esencial. Nos dice y no podemos decirla. La vida: la maravillosa, la maldita vida indecible". Y, sin embargo, usted dice mucho.
I.B.: Me di cuenta de que era una mochila muy pesada cuando lo terminé. Era algo que me oprimía. Dejé de lado tabúes, cometí herejías, hice homenajes, compartí lo que me ha dado la vida. Y tratar de encontrar un sentido a lo que me fue dado.
P.: ¿Escribirá esa novela que dice que adeuda al mundo y a sí misma?
I.B.: Cuando escucho hablar a mis a amigos novelistas, me pregunto cómo hicieron. Es un trabajo muy valiente, hay que sacrificar dos o tres años de vida a esos lugares, a esos personajes. No me siento con espíritu de eso. Son empresas fenomenales que ocupan y exigen mucho. Un estudio sí, un ensayo sí, poemas sí, pero no me pidan más. Aunque me gustaría.


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