| Inusual y desacartonada resultó la apertura de la temporada 2013 de Festivales Musicales de Buenos Aires. No todos los días el público porteño tiene la oportunidad de ver en vivo al legendario conjunto Pro Música de Rosario y a su fundador y director, Cristián Hernández Larguía, pionero de la interpretación de música de la Edad Media, el Renacimiento y el Barroco. El repertorio: música del siglo XVI, el llamado "Siglo de Oro" de la polifonía, en sus diferentes facetas, desde la liturgia hasta la canción popular y la danza. |
Pasados los 90 años, Hernández Larguía mantiene una jovialidad asombrosa. Se mueve por el escenario como por un ámbito doméstico, entabla con el público una comunicación excepcional, infunde a sus instrumentistas y cantantes (muchos de ellos ambas cosas) un respeto ancestral y posee claridad en sus gestos. Sus alocuciones son siempre interesantes y logran introducir al público (al igual que ejemplos musicales a cargo de los instrumentos utilizados: consort de violas da gamba y de flautas dulces, cromornos, bombardas, dulcián, laúd, guitarra, regal) en el universo sonoro y conceptual en el que se mueve este prócer de la música antigua argentina.
Y es justamente el concepto lo que marca la eficacia de las interpretaciones del Pro Música, sea en formación coral, de solistas o de grupos instrumentales, además de que el hecho de que en un concierto de un ciclo de abono tan tradicional se puedan escuchar frottole de Josquin, canciones de Isaac o motetes de Orlando Di Lasso sea de por sí auspicioso. Tan "familiar" y distendido como el desarrollo del concierto fue su final. A poco de comenzada la segunda parte (que comprendía originalmente once obras de Di Lasso) Hernández Larguía miró el reloj, se dio vuelta y anunció que en virtud de que sus explicaciones habían prolongado la extensión del programa, iban a suprimir las últimas siete obras. Con dos bellos y famosos madrigales fuera de programa ("Matona mia cara" de Di Lasso e "Il bianco e dolce cigno" de Arcadelt) finalizó este remanso de sonoridades refinadas en medio de la vorágine porteña.


Dejá tu comentario