- ámbito
- Edición Impresa
Brillante retazo de la cultura nacional en el Bellas Artes
La compleja historia de la cultura argentina durante las primeras décadas del siglo XX hubiera quedado trunca sin la exhibición de esta estupenda muestra, cuyo catálogo reproduce en su tapa la portada de la revista «Claridad».
La compleja historia de la cultura argentina durante las primeras décadas del siglo XX hubiera quedado trunca sin esta exhibición. La eclosión de los movimientos vanguardistas en la Argentina, país signado por el mestizaje de las corrientes inmigratorias, derivó en dos vertientes sociales, políticas y económicas, representadas por dos grupos, Florida y Boedo. Si bien por momentos los intereses de los burgueses de Florida coinciden con los del proletariado de Boedo, en ocasiones la distancia sólo puede compararse con la que separa a esas calles que supieron albergar a sus artistas e intelectuales.
El director del Museo, Guillermo Alonso, al presentar este nuevo capítulo dedicado al grupo Boedo, recordó que hace más de diez años cuando aún trabajaba para el Fondo de las Artes, había planeado con Baur esta muestra, en Madrid, destino del diplomático entonces. El recuerdo de Alonso rinde debida cuenta de los años que demandó una investigación exhaustiva, cuyos resultados están a la vista. Pero, además, pone en evidencia una
carambola del destino que les permitió a ambos concretar y enriquecer el proyecto. El rico patrimonio del Museo Nacional de Bellas Artes, resulta imprescindible para traer al presente este brillante retazo de la cultura argentina. Hoy, frente a varias obras de los Artistas del Pueblo (José Arato, Adolfo Bellocq, Guillermo Facio Hebequer, Agustín Riganelli, Abraham Vigo), que permanecieron ocultas durante décadas, los tesoros del MNBA se vislumbran como inagotables.
La muestra se abre y se cierra con dos obras cruciales: «Sin pan y sin trabajo», pintura de fines del siglo XIX de De la Cárcova que refleja el drama de la desocupación, y «Medianoche en el mundo», trágica escena que Antonio Berni dedicó en 1937 a las víctimas de la Guerra Civil Española. El sufrimiento de la humanidad presente en estas obras se reitera, constante, en casi toda la muestra.
De la Cárcova pinta «Sin pan y sin trabajo» en 1984, y en ese mismo año los hermanos Lumière patentan el cine y filman su primera película: «Salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon Monplaisir». Más allá de la quietud de la pintura y el movimiento del cine, más allá de señalar el trabajo como tema para el arte y campo de acción de las masas, Baur destaca en este primer tramo de la exhibición, llamado «Los charcos rojos», el cruce de tensiones que genera la modernidad, perceptibles en dos obras tan disímiles. La presencia del cine, al igual que las novelas y ensayos, contribuye a la comprensión de la historia que relata la muestra. El espectador puede ponerse en la piel de quienes lucharon por las reivindicaciones sociales y de quienes padecieron la violencia y la miseria de esos tiempos signados por la guerra y sus secuelas.
Proletariado
La revista «Claridad», se inicia en el año 1926 con un título tomado de la novela de Henri Barbusse, «Clarté», y con la consigna de su fundador, el español Antonio Zamora, de «hacer un arte y una literatura para el proletariado». Hay un retrato de Zamora que lo muestra con gesto enfático, junto al mapa de América y una esculturita de «El pensador» de Rodin, rodeado de libros y señalando un escrito.
No obstante, antes de «Claridad», con la ambición de integrar los sectores populares a la cultura universal, Zamora publicó más de 100 títulos que se vendían por sólo 20 centavos; entre los autores figuraban Anatole France, Emil Zola, Kant, el «Fausto», de Iván Turgueneff y también el de Estanislao del Campo, Romain Rolland, Tolstoi, Gorki y Dostoievski. Los libros que exhibe la exposición ostentan un estupendo diseño con imágenes contundentes y según relata Baur, al ser tan baratos y atractivos, se agotaban de inmediato. «Muy pocas colecciones están completas», sostiene.
Para mostrar con un simple ejemplo la relación entre los integrantes de Boedo y sus pares de Florida, la muestra rescata algunas obras de la exposición que Amigos del Arte le dedicó al futurista Marinetti cuando visitó Buenos Aires. La crítica de «Claridad», se burla de Xul Solar y Pettoruti, pero le dedica a Norah Borges el peor de los comentarios, la utiliza para referirse a la ceguera de su hermano.
«Claridad» mantendría sus publicaciones durante décadas, hasta 1941, con autores como Elías Castelnuovo, Lónidas Barletta, Alvaro Yunque, Enrique y Raúl González Tuñón, Pedro Calou y Roberto Arlt, entre otros. Por sus páginas desfilan el humor de una fervorosa militancia juvenil, las respuestas ante el horror de la guerra, el temor al fascismo y la sensibilidad conmovida por el dolor de la humanidad.
Justo en la mitad de la sala palpita el corazón de la muestra, lo integran tres obras que abordan un mismo tema. Se trata de «La madre proletaria», también llamada «Madre del pueblo», una escultura de Riganelli, una mujer que amamanta a su hijo; junto a ella, en una vitrina, está la novela «La madre» escrita por Máximo Gorki y, en la pared, se proyecta la emocionante película basada en dicho texto y filmada por Pudovkin. Las tres obras son fieles testimonios de los sentimientos que impulsaban a los vanguardistas de izquierda.
El trabajo de investigación multidisciplinario de Baur, que también incluye el teatro, tiene su base en la Argentina, pero además se desplaza por varios países de Europa. De este modo subraya afinidades entre el arte de George Gross o Frans Masereel y el de Abraham Vigo, Guillermo Facio Hebequer o Adolfo Bellocq. En 1922 Bellocq ilustra los textos de Manuel Gálvez, «Nacha Regules» e «Historia del Arrabal», su relato se despliega en episodios tabicados y adquiere la forma de un comic. Allí están los protagonistas del Arrabal, los mitings políticos, los frigoríficos, el puerto; hay escenas de mujeres que se arrodillan ante sus malevos, y hay prostíbulos donde, curiosamente, el cine ya servía de entretenimiento para los clientes en la sala de espera.
Desde el principio al fin de la muestra, a lo largo de todo su extenso recorrido, el arte argentino y el extranjero están en un mismo plano. Junto a la carpeta de aguafuertes y aguatintas de Picasso, «Sueño y mentira de Franco», que reiteran las imágenes del «Guernica», están las apocalípticas alucinaciones que inspira la guerra, como «El equilibrio mecánico» de Bellocq o «El columpio» de Vigo. Antes de llegar a la pintura «Medianoche en el mundo», se inaugura el capítulo «La rosa blindada», nombre del libro de poemas que Raúl González Tuñón le dedica a los mineros de Asturias.
En suma, la muestra se puede recorrer como un viaje, logra volver el tiempo atrás para mostrar a través del arte, un costado de la historia de nuestro país.
La exhibición está acompañada por un catálogo ilustrado de más de 300 páginas y a los textos de Baur se suman los de Guillermo Alonso, Roberto Amigo, Noé Jitrik, Diana Wechler, Laura Malosetti Costa, María Galesio y Paola Melgarejo.


Dejá tu comentario