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Brillante selección de “Paisajes Argentinos”
“El árbol de la vida” de José Garófalo convive con obras de artistas clave de nuestra historia pictórica como Victorica, Lacámera o Berni y otras pertenecientes a generaciones más recientes.
Hace bien volver la mirada sobre esta suerte de recuperación del "paraíso perdido", en obras intimistas , empezando por dos pequeños óleos de Victorica, según Mujica Láinez, "un enamorado de la música del color", artista a quien se le debe aún una gran muestra y una investigación actualizada sobre su obra. Diomede vivió cerca de la casa de Victorica en La Boca. Su obra es despojada, desmaterializada, de lenta ejecución y cuya atmósfera espiritual estaba también dada por las transparencias conseguidas.
De Daneri hay un "Riachuelo en Barracas". Este artista tenía predilección por el empaste denso, el cromatismo bajo que sintetiza su visión de los barrios sórdidos de astilleros y frigoríficos de la zona . Otro boquense, otro intimista: Lacámera, que también amaba la tonalidad baja y los ocres, pintó el paisaje circundante casi sin salir de su estudio, "un Vermeer más humilde" según Romualdo Brughetti , un artista que logró pintar el paisaje del Riachuelo en calma, un opuesto al bullicio y exageración quinqueliana.
Berni está presente con un "Paisaje de las Salinas" quizás perteneciente a una serie pintada entre 1952 y 1957, en la que , en general, no hay figuras , predominan el empaste y la textura.
No es frecuente ver obra del riojano Guzmán Loza, sus paisajes o figuras, objetos en el paisaje, de gran contenido poético, están exentos de todo ornamento superfluo. "Niebla del Riachuelo" es el único cuadro grande de la muestra y un gran cuadro de Rómulo Macció. Realizado en 2001 es una fiesta de grises, una materia opaca en la que todo es gesto, vibración, luminosidad, el color gira, va y viene, el espacio visual se extiende más allá del límite de la tela.
A la imaginería de Fermín Eguía, habitada por personajes zoomorfos, seres monstruosos, ironías gastronómicas, quizás originadas en el Bosco, se agrega su visión serena del paisaje del Tigre, a veces no tan serena porque algunos de esos seres fantásticos se cuelan por entre la fronda y los riachos.
Una instalación sonora de Eduardo Costa nos lleva al bucólico y nostálgico canto de los pájaros. Si bien la sombra es recurrente en muchas obras de Jacques Bedel, sus últimas incursiones fotográficas de nubes y de las sombras que la luz proyecta constituyen bellas e inasibles imágenes. De Sergio Avello (1964-2010) muy conocido, entre otras obras, por "Volumen", emplazada en la explanada del Malba que registra el tránsito de la avenida y el ruido ambiental, se presenta "Espejismo", fotografía color de una instalación realizada en los Valles Calchaquíes en 2006.
Muy delicadas las acuarelas de Carlos Bissolino, de Juan José Cambre destacamos "Paisaje Lacustre", una abstracción geométrica. Aparte del sentido cabalístico y los de otras religiones, "El árbol de la vida" de José Garófalo, es en nuestra visión subjetiva, dramático, un árbol que llora, se yergue en la soledad del paisaje invitándonos a reflexionar sobre nuestra existencia.
Galería Vasari (Esmeralda 1357).Clausura el 30 de mayo.
Lupe Martín
En el libro de E. H. Gombrich "La imagen y el ojo", el autor cita a Roger de Piles (1635-1709) a quien se le debe la primera discusión detallada de la teoría del retrato en la pintura y en la que aconseja al pintor que preste atención a la expresión: "lo que le da al retrato alma y un aire de verdad no es tanto la exactitud de diseño como el acuerdo entre las partes en el preciso momento en que han de captarse la disposición y el temperamento del modelo...".
Esto es lo que revelan los retratos de Lupe Martín, en su muestra "Pulsión" dedicada "a mi hija, a mi amor, a mi familia toda, la más valiente y sobre todo a mi papá, mi héroe".
Massimo Scaringella, en el texto del catálogo, nos da alguna pista sobre la intención de la autora cuando se refiere a las etapas del ser humano, desde su imagen de la inocencia propia de la niñez hasta la decadencia natural del cuerpo.
En primer lugar destacamos la capacidad de Lupe Marín para registrar, a través del conocimiento de cómo dibujar el cuerpo humano, expresiones de alegría, asombro, sorpresa, ensoñación, miradas inquisidoras, irónicas, aniñadas y también de calma. La figura ocupa un lugar central en el espacio del cuadro, no hay elementos que agreguen ninguna narración a la contundencia del rostro, del gesto, de los pliegues de la piel. Destacamos también el cromatismo y la luminosidad que emana desde el interior de la figura.
Galería Elsi del Río. Humboldt 1510.


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