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Bryce tras el sentido e intención política de las imágenes
Lejos de la obviedad, Bryce explora la historia a través de su «análisis mimético»: copiar fielmente
las imágenes de panfletos, documentos oficiales, medios de comunicación, propaganda política y publicidad.
Se trata de una exposición compleja y conceptual. Bryce descubrió a fines de la década del 90, durante el gobierno de Fujimori en Perú, documentos y bibliografía sobre la toma de la embajada de Japón por el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru. A partir de entonces, frente a la consiguiente cobertura de los medios y otros testimonios de la presencia militar y el ejercicio del poder, se dedicó a investigar el sentido y la intencionalidad política de las imágenes. Buscaba -como tantos artistas- «algo que hacer y algo que decir», cuando se cruzó con imágenes que delataban la «idealización interesada de la realidad», funcionales al poder.
Las ideologías que atraviesan la historia mundial desde fines del siglo XIX, el colonialismo e imperialismo, el capitalismo y el comunismo, se convirtieron así en los principales motivos de sus indagaciones. Pero su estilo es único. Para representar y relatar las cuestiones que encuentra en los archivos, para poner en evidencia sus propias ideas, el artista eligió copiar fielmente la imagen y transportarla a través del dibujo. La neutralidad de la tinta sobre el papel en riguroso blanco y negro y la elección de determinados temas y situaciones que en ocasiones confronta, dejan a la vista las paradojas y contradicciones que Bryce se propone destacar. Sin decir nada, sin otro discurso más que la literalidad desnuda de las imágenes y los textos, su arte ironiza, cuestiona e impugna. Los rasgos sensibles de sus dibujos y también de la escritura, tornan reconocible a simple vista su obra.
Entre las 19 obras conformadas por más de 1.000 piezas que presenta el Malba, figura la serie «El mundo en llamas». Allí hay una portada de «The New York Times» que anuncia con un gran titular la invasión nazi a Holanda, Bélgica y Luxemburgo, ese dibujo se encuentra junto a las publicidades de la radio RCA Víctor para seguir «las noticias de los últimos acontecimientos» y, a su lado está el elocuente cartel del film de terror «La isla de los resucitados», donde se cuestiona: «¿Será posible levantar algún día a los muertos de su tumba?».
Lejos de la obviedad, Bryce explora la historia a través de su «análisis mimético», método que, aclaró, no hace referencia a ninguna teoría. Fue su elección para denominar la copia de imágenes de panfletos, documentos oficiales, medios de comunicación, propaganda política y publicidad. «Mediante la re-presentación (en el sentido más literal de volver a mostrar) o la simple puesta en escena de documentos y objetos, Bryce utiliza la apropiación y la ironía como armas para poner en evidencia los prejuicios subyacentes a los discursos oficiales comúnmente aceptados», señala Natalia Majluf, directora del MALI y curadora de la muestra junto con Tatiana Cuevas.
«Ni fidelidad ni distorsión, es algo intermedio», observa el artista al definir el trabajo de crear «un doble». «Me gusta que me comparen con un traductor», agrega. Y mientras mira una serie referida al anarquismo, los crímenes del Congo, aclara que a partir de la serie «Kolonial Post», marcó «la contraposición entre EE.UU. y Alemania, dos potencias que se disputaban el dominio».
Para crear esta crítica global y abarcadora a la sociedad del siglo XX, Bryce explica que cuenta con una cámara de fotos con la que visita los más diversos archivos, incluso de la Argentina. «Trabaja sin ayudantes, como un prusiano», sostiene Victoria Giraudo, coordinadora de la muestra del Malba. Luego de descargar las fotos, revisar el material con criterio selectivo y chequear los temas recurrentes, el artista realiza una primera selección. Se sirve del photoshop para quitar el color, imprime el documento y con una fotocopiadora define el tamaño de la imagen que va a dibujar. A la vez, lee sobre el tema, generalmente, libros de historia. Un buen día Bryce decide iniciar la producción y se olvida de la tecnología. «En el taller calco las líneas principales de la imagen. Pongo a remojar los pinceles y comienzo a dibujar», concluye.
Ante los ojos del espectador se abre un mundo de imágenes movilizadoras, retazos de historia reunidas por afinidades y razones que cada cual deberá interpretar.


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