Néstor Kirchner cerró ayer, junto a Cristina y Daniel Scioli, su campaña para diputado nacional en el Mercado Central de La Matanza.
La elección bonaerense, la que se precipita como la más reñida desde la de gobernador de 1999 en la que Carlos Ruckauf derrotó a Graciela Fernández Meijide, ofrece escenarios múltiples, y el resultado, sin certeza irrefutables, se define sobre una serie de claves. Veamos.
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1. El PJ se concentró en el conurbano y planea obtener una diferencia que le garantice el triunfo. Resignó parte del interior, donde mejoró igual en los últimos días, pero a su vez sintió que Unión-PRO le perforó el universo peronista y de clases media y baja del Gran Buenos Aires. Pero en números absolutos, Buenos Aires se expresará en rechazo a Kirchner.
2. Uno de los factores de intriga es la performance final del panradicalismo que se derrumbó en el último tramo, pero que, se ilusionan en la UCR, siempre aporta un plus que no miden las encuestas. Apuestan, para eso, a la tracción de los 40 intendentes radicales bonaerenses más el efecto Alfonsín. Hay otros factores laterales, en ese caso, críticos: la tensión entre Carrió y Cobos, y la decisión de apartar a los cobistas del Acuerdo, lo que facilitará, o incitará, el corte de boletas contra Stolbizer y, se presume, a favor de De Narváez.
3. Kirchner y De Narváez tienen pirámides distintas: el PJ le suma al ex presidente, mientras que De Narváez suma a sus candidatos locales. Si se impune la pirámide clásica, se despega Kirchner; si se ejecuta la pirámide invertida, el empresario derramará votos a sus soldados en el territorio. Es, en definitiva, un duelo entre «bases» y «superestructura». El riesgo para Kirchner es que la tracción para arriba se corte si los intendentes interpretan que puede dañarlos. De Narváez corre otro riesgo: perdió «presencia» territorial tras el cierre (ayer volvieron a asomar los Peronistas Autoconvocados que estaban en PRO y abandonaron el espacio) y se quedó sin referentes fuertes, lo que podría diezmarlo. Además, apunta todo a su lista porque, si gana, después podrá aspirar a que los intendentes PJ se conviertan en sus referentes locales. Hay un dato sintomático: en toda la campaña, el empresario-candidato jamás pronunció una crítica contra un alcalde del peronismo y hasta facilitó, con la profusión de colectoras propias, que algunos le «sugieran» candidatos o que, por la dispersión, no le compliquen la conformación de los concejos deliberantes.
4. Otro condimento es el nivel de asistencia -algunos analistas dicen que el grueso de los indecisos no votará-, más el voto útil -que pareció concentrar De Narváez- y el voto vergonzante en el que confía el Gobierno. Con bajo nivel de votantes, el peronismo podría estirar el margen y además arrimarse al 40%. Hay, con eso, un elemento inédito: por la época del año, el frío y el atardecer pasadas las 18 podrían atentar contra la concurrencia a sufragar. El voto útil posicionó a Unión-PRO en desmedro del Acuerdo Cívico y Social. Un supuestamente voto no declarado, a favor del Gobierno, conforma el otro factor de expectativa para Olivos.
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