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Buen disco debut del talentoso Rogantini

No hay ningún habitué de conciertos de música popular que no se haya cruzado alguna vez con Abel Rogantini, aún sin saberlo. Y si bien son escasísimas las veces que uno puede encontrarlo en un pub o en un teatro encabezando su propio proyecto, es habitual cruzarse con su piano respaldando a cantantes y solistas instrumentales de los más diversos géneros, del rock al folklore y del tango al jazz.
En este sentido, son dos los méritos principales de este músico que todavía es sólo conocido en el ambiente musical y por la prensa. Por un lado está el gran virtuosismo que le permite recorrer con solvencia el teclado del piano y ser original en sus armonizaciones y en sus solos improvisados.
Pero, fundamentalmente, lo que caracteriza a Rogantini es su ductilidad y su capacidad para pasar de una música, un estilo o un gé-nero a otros y dar, en cada caso, con el tono justo, con los patrones indicados, con el lenguaje correspondiente.
Es lógico entonces que este primer disco con su nombre al frente -en trío, con Juan Pablo Navarro en contrabajo y Diego Alejandro en batería- lo lleve por caminos diversos. Con un repertorio de nueve composiciones propias, Rogantini va aquí con igual talento de la baguala al tango, de la milonga al jazz y del candombe a la chacarera, atreviéndose incluso con acordes que pasan por la música clásica del siglo XX.
R.S.


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