- ámbito
- Edición Impresa
Buen documental sobre el Nobel César Milstein
«Un fueguito» cuenta la vida de nuestro último Premio Nobel, a través de colegas y familiares, combinando con habilidad la explicación de sus investigaciones y sus luchas, y la evocación de un hombre excepcional.
Un día un chico de ocho años quedó fascinado con un relato acerca de científicos que les extraían el veneno a las víboras, para su estudio. En su mente, eso significaba que la aventura física y la aventura del conocimiento podían ir juntas. Poco después, la madre le regaló el libro de Paul de Kruif «Los cazadores de microbios», un resumen de catorce biografías de científicos que ayudaron a mejorar el mundo (y a ninguno le fue fácil). Ese chico dedicó luego su vida a la investigación bacteriológica, y terminó ganando el Premio Nobel (pero tampoco le fue fácil, para avanzar se tuvo que ir del país).
Esta es la historia del doctor César Milstein, nuestro tercer Premio Nóbel de Medicina y Farmacología, contada desde adentro, en parte por él mismo (entrevista de 1999), en parte por compañeros de Cambridge, Oxford y Trieste, y en especial por su esposa, amigos y sobrina. Con habilidad se combinan la explicación de sus investigaciones, que redundaron en una más efectiva aplicación de anticuerpos para decenas de enfermedades, la variedad de sus andanzas (le encantaba el aire libre), el cariño por la familia, el vigor de la búsqueda, la alegría del premio, y también la preocupación por el buen uso de sus aportes, la lucha contra los abusos de la industria, y, antes aún, el fastidio de la lucha contra los necios.
Increíble, al respecto, el ministro Tiburcio Padilla, del gobierno de Guido, que desmembró el Instituto Malbrán y les dijo a sus científicos «Ustedes son muchachos inteligentes, ¿por qué no se van? Acá no van a hacer nada». Más recientemente, un ministro de Economía dijo que los científicos sólo estaban para calentar la silla. Milstein calentó la suya durante más de 35 años en el Medical Center Research de la Universidad de Cambridge, un laboratorio dirigido por el dos veces Premio Nobel, Fred Sanger. Sus logros han llenado de orgullo al país, pero un orgullo algo teñido de bochorno.
Con inteligencia, la película no se demora en cuestiones políticas. Al contrario, se dedica a recoger y transmitir (si es posible a contagiar) la dedicación que Milstein tuvo siempre por la ciencia, y el buen humor con que supo ir adelante. Es muy grato ver sus registros familiares en S8, los relatos de la esposa Celia, también científica, y la sobrina, y el afecto con que el propio Fred Sanger y demás estudiosos describen su carácter amigable, tozudo y sencillo. Tocantes, la descripción de Celia sobre Cambridge como una verdadera torre de marfil, la audiocarta de felicitación de Federico Leloir, nuestro segundo Nobel en Medicina, y la declaración sobre el compromiso de la ciencia que lee a cámara el valioso pensador ácrata Colin Ward, fallecido hace exactamente un mes.
Puede que, en cierta parte, algunas palabras de los diálogos resulten trabajosas para el espectador neófito. No importa. Quizá no entienda esas palabras, pero sin dudas entenderá plenamente el entusiasmo y la gratitud de quienes las pronuncian. Un documental digno de recomendación.
P.S.

