• LA MUESTRA EN EL MAMBA TAMBIÉN INCLUYE OBRAS SUYAS DE OTRAS ÉPOCAS El artista marplatense, precozmente fallecido, surgió con luz propia en los 80 como un cultor del arte abstracto rioplatense en oposición al decorativo
Avello. Las banderas luminosas, un símbolo de su obra.
El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires acaba de inaugurar una muestra muy esperada en el ambiente del arte: "Sergio Avello: joven profesional multipropósito". El encuentro con las obras de Sergio Avello (1964-2010) procura placer al espectador, sobre todo a quien conoce su trayectoria. Allí están las pequeñas piezas que presentó en 1989 en la galería de Adriana Rosenberg. La muestra se llamaba "Arte Decorativo Argentino. Nuevo exponente" y las obras son delicadas, llaman la atención por su sofisticada belleza y su acabado perfecto. Ya en la década del 80 Avello estaba lejos de los temas y las pinceladas del expresionismo y la transvanguardia. Lejos, inclusive, de la estética dominante entre los artistas que frecuentó cuando en 1983 llegó de su Mar del Plata natal a Buenos Aires.
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Rafael Bueno lo invitó a su taller "La Zona" y allí, en un inmenso sótano de la calle Rodríguez Peña al 900, se reunía con Guillermo Conte, Martín Reyna, José Garófalo, Alfredo Prior y, entre otros, Gustavo Marrone. En ese mismo lugar presentó una instalación con pequeñas esculturas geométricas realizadas en cartón. Acaso fue el primero de sus gestos separatistas de la pintura de los 80. Hay en el MAMBA un rayo de cartón, una esculturita que aparece como una rareza. Al promediar los 90 surgiría el arte llamado "light" que rompió de lleno con el gesto ampuloso de la pintura y Avello, como un precursor estaba entre ellos.
No obstante, cuando el curador Jorge Gumier Maier se hizo cargo del Centro Cultural Rojas y renegó de cualquier disciplina académica, cuando los afanes estilísticos se volcaron hacia un arte ornamental y decorativo, Avello tomó distancia. La biyou del barrio del Once no lo conforma. "Ellos no entendían que a mí me gustaba el arte geométrico, algo que estaba totalmente out. El arte decorativo era una porquería que se compraba por kilo para colgar en el living. Yo traté de recuperar el arte abstracto rioplatense con cierto humor, que es algo que no tenía antes", dijo.
La muestra del MAMBA destaca el tema de las banderas. Avello comenzó a trascender en 2003, cuando exhibió en el Fondo de las Artes una serie de pinturas dedicadas a la bandera de Boca Juniors, que poco a poco se trasformaba en la de la Argentina. Un texto de Ernesto Montequín rendía cuenta de la vida y el arte del marplatense cuya afición a la música lo convirtió en exitoso DJ de la noche under. Entretanto, otras banderas -una suerte de leit motiv en la obra- ostentan connotaciones simbólicas. Las banderas están dispersas en la exposición, se entrecruzan con las bandas multicolores de las pinturas que homenajean al conceptualista Sol Lewitt, artista estadounidense que en 2001 expuso Proa y mandó su obra por correo. Avello trabajaba allí como montajista y durante años se protegió un gran mural abstracto de Sol Lewitt con una pared de Durloc.
La curadora del MAMBA, Sofía Dourron, presenta la serie "Polecelis", varias pinturas que parodian a las celebridades de la abstracción, Pérez Célis y Rogelio Polesello. Pero dedicó el mayor espacio la obra consagratoria de Avello, la radiante "Bandera argentina" que presentó en la 4° Bienal del Mercosur. Realizada con tubos de neón, la Bandera domina la muestra como elocuente símbolo de los avatares que han signado la historia argentina. Si bien las obras lumínicas tienen una importancia capital en la producción del artista, la muestra no presenta "Volumen" un sensible semáforo que emite señales luminosas. Avello logró abstraer el ruido ambiental y tornarlo visible a través de la luz. El MAMBA tampoco reconstruyó la poética y atractiva instalación lumínica que en 2001 transformó la fachada del Fondo de las Artes. Hay dos cajas de luz en la exposición, pero no bastan. El genio de Avello se descubre cuando derrama la dulzura de la luz y baña gratamente el espacio con sus luminosos mensajes.
La muestra apenas si deja entrever la gracia y el oficio pulido del artista, su pasión por la perfección de los detalles, el gusto por el dorado y el humor. Falta una obra fundamental en este sentido: la bandera argentina realizada en 2004 con cuero de oveja que hace juego con unas botas altas, de mujer y se titula: "Unión Argentina de Corderas Patagónicas". De la documentación falta el libro "Avello" ( 2015), que recorre toda su producción.
El llamado "Museo fantasma" durante años, con sus puertas siempre cerradas y sus colecciones ocultas a los ojos del público, dejó de serlo desde que la eficiente Victoria Noorthooorn asumió la dirección. Hoy supera a todos los museos del país con la excelencia de sus exposiciones y el público pasea por sus salas. En la actualidad, además de la muestra de Avello, se exhiben: "Liliana Maresca: El ojo avizor. Obras 1982 1994"; "Episodios Colección Pirovano III: El camino de la abstracción. Diálogos sobre arte moderno entre Ignacio Pirovano y Tomás Maldonado"; "Tomás Saraceno: Cómo atrapar el universo en una telaraña" y "Elba Bairon: Sin título". Pero frente a la exposición de Avello surge el recuerdo de la recreación de "La Menesunda", la pieza creada por Marta Minujín y Ruben Santantonín. Acaso nuestro artista merezca una retrospectiva.
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