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Buen jazz con el sello Diana Krall
La bellísima canadiense Diana Krall está considerada como una de las figuras más importantes del jazz de los últimos tiempos, sobre todo, si el parámetro de análisis son los millones de discos vendidos y los muchos premios que ya le ha otorgado la industria.
Diana Krall es un fenómeno particular. Con unos cuántos trabajos editados y una carrera que arrancó su formación más sólida en Boston y que lleva ya muchos años, hay gente del mundo del jazz que la ubica en una categoría menor. Otros, por el contrario, la colocan en alturas equivalentes a las grandes divas del género. Pero donde no quedan dudas es en el enorme poder de seducción de esta mujer que canta y toca el piano, que no cambió la historia del jazz pero que supo ponerlo en los primeros planos del negocio, y que más allá de gustos personales, está siempre en un nivel técnico de realización que no admite cuestionamientos.
Sus discos y sus conciertos -ha visitado la Argentina más de una vez- son siempre amables. Y este último álbum, «Glad Rag Doll», no es la excepción; es «un disco de canción y baile», según sus propias palabras. Hay aquí un puñado de canciones, algunas de ellas muy antiguas, que encuentran un vehículo excelente en la voz de Krall. «We Just Couldnt Say Goodbye», «Lonely Avenue», «Wide River to Cross», «Let it Rain» o «Here Lies Love» son algunos de los títulos que grabó con su piano y un grupo de contrabajo, teclados, guitarra, batería y, eventualmente, instrumentos agregados como el ukelele o el banjo. Registrado en cinta analógica -un detalle sólo apto para amantes y conocedores del sonido de alta fidelidad-, el disco se hizo bajo la prestigiosa producción de T Bone Burnett.
Ricardo Salton


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